Barreras en la Traducción de la Biblia al Toba del Oeste

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Uno de los proyectos vigentes de la Sociedad Bíblica Argentina (SBA) es la traducción del Antiguo Testamento a la lengua Toba del Oeste, idioma del pueblo originario que lleva el mismo nombre. Esta comunidad, que está asentada en el oeste de Formosa, cuenta desde 2010 con el Nuevo Testamento en su lengua. El equipo de trabajo está formado por cinco traductores y un coordinador. Cada uno de ellos trabaja de forma individual y una vez por mes se realizan reuniones para trabajar en equipo.

Para facilitar estos encuentros Sociedad Bíblica Argentina inauguró en la localidad de Ingeniero Juárez, Formosa, una oficina para la traducción de la Biblia. La sede se encuentra en un predio de la Diócesis Anglicana y se instaló en una casa que estaba prácticamente abandonada. Ambas organizaciones invirtieron en su restauración y en equiparla con los elementos necesarios para lograr un lugar de trabajo cómodo, ya que los traductores viven a unos 80 kilómetros y cuando se realizan los encuentros de trabajo deben pasar todo el día allí.

Simultáneamente, en el barrio comenzó a aumentar la violencia y la inseguridad. “Primero nos enteramos de que habían entrado a robar en una casa vecina. Luego, ingresaron dos veces a nuestra oficina cuando estaba vacía. En la segunda ocasión se llevaron casi todo, lo que produjo un gran desazón por el esfuerzo que había implicado equiparla. Además, generó inseguridad en las personas que viajan para trabajar en ese lugar, ya que tanto los traductores como el coordinador transportan sus computadoras y otros equipos necesarios para realizar la tarea”, cuenta Ernesto Lerch, director de proyectos de la organización. “Nos apena ver la transformación de este pueblo que hace cinco años atrás era sumamente tranquilo y hoy se ha convertido en un lugar peligroso. Además de la inseguridad, han comenzado los conflictos entre los diferentes grupos étnicos y sabemos que la droga ha avanzado en el lugar”, agrega.

Sociedad Bíblica Argentina ha decidido poner esta situación en oración y darla a conocer a las iglesias, además de buscar otra sede alternativa –permanente o transitoria– para trabajar.

“Cuando iniciamos un proyecto, una de las primeras cosas que hacemos es evaluar los riesgos y las barreras. El año pasado estábamos muy contentos porque algunos obstáculos estaban cayendo. Por ejemplo, había llegado la luz a la comunidad donde viven algunos de los traductores y eso fue de gran ayuda para permitirles trabajar con sus computadoras. Estábamos entusiasmados por esos avances, pero ahora han surgido otras barreras que no estaban contempladas. A pesar del disgusto, sabemos que es parte de la vida del proyecto, tener cosas buenas y cosas difíciles”, expresa Lerch, quien anima a orar por la localidad de Ingeniero Suárez y por la continuidad de este proyecto.