Cómo se vivió el concierto de apertura del Congreso de la Biblia

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Sólo Dios y Martín Lutero sabrán lo que pasó por la cabeza de este último cuando, harto de los abusos del papado de su época, el monje agustino clavó en la puerta de la catedral de Wittenberg las 95 tesis que marcaron un antes y un después en la historia del Cuerpo de Cristo. Pero seguramente el reformador jamás hubiese imaginado que cinco siglos después de esa aventura, a miles de kilómetros de su Alemania natal, en una ciudad del Nuevo Mundo, su nombre y su legado resonarían en un auditorio que convocó a cientos de cristianos de diversas denominaciones en un digno concierto de apertura para el Primer Congreso Internacional de la Biblia.

Después de que en su discurso de apertura Raúl Scialabba -presidente de Sociedad Bíblica Argentina- resaltara, entre otras cosas, la centralidad de la Biblia aun en nuestra tan compleja actualidad y la gracia de Dios siempre presente, se escuchó interpretar al Coro Polifónico Nacional (con Claudio Santoro al piano), de Félix Mendelssohn Bartholdy, el Salmo 42 op. 42, una espléndida obra coral sobre la base de la traducción al alemán de dicho salmo hecha por el mismo Lutero y que contó con una maravillosa Soledad de la Rosa como solista. A continuación, el maestro Mario Benzecry dirigió magistralmente la Sinfónica Juvenil de San Martín para El Moldava, de Bedřich Smetana, pieza que acaso traiga a la mente al reformador checo Jan Hus, precursor de Lutero.

Orquesta y coro se unieron para interpretar fragmentos de La Creación, de Joseph Haydn: El caosTomad vuestras liras y La gran obra se ha completado. No obstante el título de este último fragmento, la gran obra del concierto no se había completado. La alocución de Salvador Dellutri, ex presidente de Sociedad Bíblica Argentina, sirvió de intermezzo para la segunda parte del concierto. El vehemente Dellutri sacó a la palestra la necesidad de la Palabra de Dios ayer, hoy y siempre pues esta “habla al corazón de los hombres”. Destacó además que, paradójicamente, cuanto más el hombre ha prescindido de la Biblia, tanto más el mundo se ha visto sumido en guerra, muerte y destrucción, y recordó las palabras de Leopoldo Marechal en cuanto a estar “sólo comprometido con el evangelio de Jesucristo”.

La segunda parte del concierto se dedicó más a los cantos e himnos que los cristianos han cantado y cantan hoy en los servicios de alabanza. Esta parte contó con la participación del Coro Unido de la Reforma (dirigido por María Constanza Bongarrá), formación que amalgama voces de diversas congregaciones evangélicas y que se presentó en septiembre pasado en el Teatro Colón, en un concierto que también recordó los cinco siglos de la Reforma. Las voces solistas del Hsiao Chia-I en A Dios sea la gloriaLeticia Clark en Gloria a tu nombre y las del cuarteto vocal (integrado por estos últimos junto con Laura Clark y Norberto Bondarczuk) en Victoria en Cristose unieron más tarde con el resto del coro y el público con dos cantos congregacionales, En Jesucristo el Rey de Paz Cristo ya ha resucitado, con la participación del organista Sebastián Achenbach.

El Coro Unido incursionó en ritmos ya más nuestros y cantó junto con el ensamble instrumental un Padre nuestro y un tango, Tenemos esperanza. Para el bis, en los corazones de los oyentes de este digno concierto, una de las cinco solas de Martín Lutero: Soli Deo gloria. y el Aleluya de Georg F. Händel.

Viviana Aubele

Tomado del sitio web martinwullrich.com (ver nota)