La Biblia y la cultura de nuestros pueblos originarios

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La primera edición de la Palabra de Dios en una lengua originaria de la Argentina, corresponde al evangelio de Lucas en yagán en el año 1881. Esto significó el inicio de las traducciones bíblicas para nuestros pueblos autóctonos.

Tiempo después, se publicarían el evangelio de Juan y el libro de los Hechos de los Apóstoles. Esos fueron los únicos libros de texto en esa lengua, del sur argentino, hoy ya extinguida.

Según escribe el historiador Arnoldo Canclini en su libro «Así nació Ushuaia», la Sociedad Bíblica imprimió 1.000 ejemplares de cada uno de estos libros. Fueron distribuidos entre los indígenas, que lo leían en sus casas, en la escuela y en la iglesia. Es dramático pensar que, cuando se hizo la última edición, el número de indígenas era menor que el de libros, ya que en 1886 solo quedaban 397 yaganes en el archipiélago.

La creencia general de que algunos indígenas hablan usando sólo unos cuantos vocablos sin ton ni son, ni gramática, es totalmente falsa. Cada lengua indígena es un idioma bien desarrollado y tan complejo como cualquier otro idioma.

Llamar a estos idiomas despectivamente dialectos es rebajar la mentalidad y el lenguaje de nuestros hermanos indígenas, quienes tienen todas las capacidades y recursos de lenguaje necesarios para expresar sus ideas, emociones y anhelos.

Volviendo al ejemplo de la lengua yagán, Thomas Bridge, misionero anglicano, dejó una obra monumental: el diccionario del idioma yagán. Respecto a esta lengua, Darwin había dicho que «apenas merecía el nombre de lenguaje articulado y que se parecía al ruido que emite un europeo al hacer gárgaras», no obstante tan despectivo comentario, el diccionario elaborado por Bridge contenía 32.000 palabras. ¡Muchas más que las que Darwin conocía en su propio idioma!

Bridge, en cambio, consideraba esta lengua «suave, agradable y sonora». Se dice que la forma de vida de los yaganes, que los obligaba a guarecerse en sus chozas durante largas tormentas, y a pasar mucho tiempo conversando, era una de las razones para tal prodigio, ya que los relatos que vivían imaginando los yaganes aguzaban la significación de los términos; porque el idioma es mucho más que una serie de palabras agrupadas con gramática. Es una manera de ver al mundo, una cosmovisión propia.

Ernesto Cardenal, en un encuentro paralelo del III Congreso Internacional de la lengua española (realizado en la ciudad de Rosario, en noviembre 2004) dijo al respecto: «Cuando se pierde una lengua, es una visión del mundo lo que se pierde».

Es ya sabido que una de las áreas de discriminación más severas que sufre el indígena es la del idioma. Es muy raro el caso en que un indígena se le aprecie por lo bien que se exprese en su idioma materno; por lo general se los ridiculiza y discrimina.

(Por Marcelo Figueroa)