Palabra que da vida

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Transitamos una época en la que la información es sumamente importante y vital. Por momentos, no podemos recordar cómo era la vida antes de la llegada de los medios por los que la recibimos y compartimos. Si bien esto ha generado enormes beneficios en diversas áreas del desarrollo humano y las relaciones interpersonales, también ha producido una sobreestimulación y sobrecarga de mensajes irrelevantes, innecesarios, y hasta, a veces, falsos. Ante esta avalancha de información efímera y confusa pareciera que no hay otra alternativa más que balancearse entre el desconcierto y la resignación. Pero, a diferencia de todos estos contenidos con los que somos constantemente bombardeados, el mensaje que emana de la Biblia se ha sostenido consistentemente, por miles de años, ofreciendo vida en Cristo Jesús y otorgando propósito a la existencia humana.

La Biblia no es un texto común y corriente con simples historias o información como cualquier otro que pueda existir. En el antiguo Israel, los maestros y rabinos comparaban a la Palabra de Dios con el higo, un fruto sumamente apreciado y conocido por las personas de esa época y de ese lugar. Ellos solían decir que en todos los frutos hay algo que se desecha (la cáscara, el carozo, la semilla) pero que el higo estaba hecho todo para comer y que lo mismo pasaba con la Palabra de Dios: no hay nada que sea desechable en ella.

En este mes tan especial no celebramos un libro que meramente nos inspira o informa. Celebramos que Dios se ha revelado a la humanidad por medio de Cristo Jesús, a quien conocemos y con quién nos encontramos a través de las Sagradas Escrituras. Celebramos que es a través de la Biblia que escuchamos a Jesús decir que Él ha venido para que tengamos vida, y para que la tengamos en abundancia (Juan 10:10). Celebramos que por la paciencia y consolación de las Escrituras, hoy tenemos esperanza (Romanos 15:4). Celebramos que su Palabra es escudo para los que en él esperan (Proverbios 30:5). Celebramos que su Palabra es lámpara y lumbrera en nuestro camino (Salmos 119:105). Y celebramos que, sin importar lo que pase, la palabra del Dios nuestro permanece para siempre (Isaías 40:8).

Celebremos juntos y compartamos su Palabra que, por medio del Espíritu, nos da vida.

 

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