“Por tanto”: una expresión importante

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Autor: Dr. Richard Smith

Traducido por Micaela Ozores

 

En la Biblia, la expresión “por tanto” y otras frases similares tienen una función muy importante.

Su uso frecuente está relacionado con lo que los estudiosos de las Escrituras llaman la dinámica de la secuencia indicativo-imperativa. El indicativo expresa la afirmación de un hecho de la redención o de una verdad divina (teoría o concepto). El imperativo expresa el mandato o la condición (aplicación o respuesta implícita) que sucede en consecuencia. El indicativo representa un pensamiento teológico sobre el porqué o el qué, mientras que el imperativo nos muestra el “cómo” y el “cuándo” éticos y prácticos. La expresión “por tanto” (o “por lo tanto”) cumple la función de nexo lógico y gramatical entre el hecho (indicativo) y la acción (imperativo) que debería resultar en consecuencia de ese hecho.

Veamos cuatro ejemplos:

Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, vayan y hagan discípulos en todas las naciones (Mt. 28:18b-19).

Por tanto, hermanos míos, les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva, santa y agradable a Dios. Este es el verdadero culto que deben ofrecer (Ro. 12:1).

Porque ustedes ya han muerto, y su vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, que es la vida de ustedes, se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria. Por lo tanto, hagan morir en ustedes todo lo que sea terrenal: inmoralidad sexual, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia. Eso es idolatría (Col. 3:3-5).

Toda buena dádiva y todo don perfecto proviene de lo alto y desciende del Padre de las luces en quien no hay cambio ni sombra de variación. Por su propia voluntad, él nos hizo nacer por la palabra de verdad […]. Por lo tanto, desechando toda suciedad y la maldad que sobreabunda, reciban con mansedumbre la palabra implantada la cual puede salvar su vida […] (Stg. 1:17-22).

Tomemos el ejemplo de Romanos 12:1. En este contexto, la expresión “por tanto” implica que el mandato (“que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva, santa y agradable a Dios”) es una consecuencia lógica y teológica de lo que Pablo dijo antes en Romanos 1-11. Lo que intenta decir es: “A la luz de lo que ya les dije, deben hacer lo siguiente”. El “que se presenten ustedes mismos” es la aplicación ética y la expectativa divina de la enseñanza que Pablo nos ha dejado hasta este punto en su carta. La “ofrenda viva” es el “verdadero culto” (o, como dicen otras versiones, nuestro “culto racional” o razonable) que debería surgir a partir de la reconciliación que Dios ha provisto por medio de Jesucristo. Pablo nos está diciendo: “Considerando las extraordinarias bendiciones que ahora tenemos en Cristo, ¿acaso les es posible imaginar alguna otra respuesta sino la dedicación total y exclusiva de su vida entera a Dios?”. Imaginar algo distinto no sólo sería ilógico, sino también, irreverente.

Ahora bien, ¿cómo aplica a mi vida aquí y ahora la dinámica indicativo-imperativa?

Por ejemplo, algunos amigos cristianos me han dicho que no les gusta leer la Biblia desde un acercamiento intelectual. Prefieren las enseñanzas y aplicaciones prácticas. Dicho de otro modo, les gusta pensar en el “cómo” y el “cuándo”, más que en el “qué” o el “por qué”. El problema es que, tal como hemos visto, la Biblia no comparte esta perspectiva. En la Biblia, no hay separación entre la teoría y la práctica, entre la teología y la aplicación, ni entre el pensamiento y la acción.

Permítanme darles dos ilustraciones genéricas breves sobre las limitaciones de un razonamiento concentrado en el “cómo” y el “cuándo”. Imagine que va a operarse y el cirujano le dice “Voy a sacarle el apéndice” pero sólo sabe de técnica quirúrgica y muy poco de anatomía. O imagine que sube a un avión y el piloto anuncia “Nuestro vuelo se dirige a Miami” pero sólo sabe cómo despegar y aterrizar, y nunca estudió aerodinámica. ¿Le confiaría su propia vida a esa persona?

¿Debería alguien confiar en nosotros si estamos desinformados y somos ignorantes, es decir, si no conocemos los “qué” y los “por qué” de la Biblia?

Piénselo seriamente. Considere el vínculo esencial que hay entre el indicativo (el hecho teológico) y el imperativo (la ética y la aplicación) de los siguientes dos pasajes (aunque la expresión específica “por tanto” no aparezca en ellos):

De los hijos de Isacar, doscientos jefes, cuyas palabras eran respetadas por todos sus parientes, pues sabían cuándo actuar y qué debía hacer Israel. (1 Cr. 12:32).

Nosotros lo amamos a él, porque él nos amó primero. (1 Jn. 4:19).

En 1 Crónicas, los hombres de Isacar “sabían” (tenían sabiduría), de modo que discernían qué era lo que Dios quería que ellos hicieran. Ellos actuaron a la luz de lo que entendieron. No actuaron sin pensar ni pensaron sin actuar. Por otro lado, ¿cuántas veces actuamos, a veces apresuradamente, sin primero entender?

Del mismo modo, en 1 Juan, vemos que es imposible saber cómo amar de forma efectiva si no entendemos primero el amor que Cristo expresó por nosotros antes, en la cruz. Para poder imitar el amor de Cristo por los demás (práctica), primero necesitamos entender su amor por nosotros (teología). Sin embargo, ¿no respondemos a veces a las necesidades basándonos en la empatía sin primero conocer el contexto? ¿No será que nuestra “ayuda”, en realidad, hace daño? ¿Nos falta sabiduría?

En la Biblia, no hay separación entre la teoría y la práctica, ni entre la teología y la aplicación. Debemos conocer ambas. En la Biblia, los “qué” y los “por qué” están íntimamente relacionados con los “cómo” y “cuándo”. En esto consiste la sabiduría: en hacer la aplicación correcta de la Verdad divina.

Por tanto, debemos descubrir por qué y cómo el “por tanto” es relevante en cada texto bíblico que es aplicable a nosotros.