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La esperanza de la Biblia para tu ansiedad

Por Liz Wann*

La ansiedad es parte de mi realidad. De hecho, casi todos los días la vivimos en casa. Aunque normalmente no soy una persona ansiosa, he tenido mi propia temporada oscura de ansiedad. Y mi esposo ha tenido problemas, a veces a diario, incluso hasta el punto en que ha afectado nuestro hogar y nuestro matrimonio. Al igual que su padre, mi hijo primogénito lucha con ansiedad. Comencé a notar un comportamiento extraño de él incluso cuando era un niño pequeño y preescolar. La ansiedad de mi hijo me afectó. Me limitó. En ese momento, no me di cuenta de que no todas las madres tienen que trabajar con este tipo de comportamientos con sus hijos. Aunque he visto un tremendo crecimiento en él durante los últimos ocho meses, la ansiedad aún puede acechar en los bordes de su vida.

Hay muchas formas para manejar la ansiedad. Diferentes métodos funcionan para diferentes personas. Algunos necesitan medicamentos, otros encuentran útil el asesoramiento o la terapia y hay quienes obtienen ayuda a través de otros tipos de técnicas de manejo. Si bien todas estas opciones son útiles y necesarias para algunas personas, hay una base espiritual que debe estar en su lugar (incluso mientras se busca ayuda profesional). El corazón y la mente ansiosos deben estar anclados en la roca que es la Palabra de Dios. No importa cuáles sean nuestras circunstancias, la Biblia nos ofrece esperanza en nuestra ansiedad.

¿Dónde estás buscando?

Recientemente, mientras leía a mis hijos un libro de historias de la Biblia, me impactó de nuevo el relato de Jesús caminando sobre el agua (Mateo 14:22–32). Leí en voz alta sobre Pedro comenzando a hundirse en el agua y Jesús tomando su mano y levantándolo. Me recordó que Jesús no dejará que mi hijo se hunda. Jesús puede cuidar a mi hijo en medio de sus sentimientos de ansiedad. Estará con él y lo levantará para ayudarlo. Como le expliqué a mi hijo, Jesús nunca niega el hecho de que la tormenta es aterradora y peligrosa, así como no necesitamos negar la realidad de vivir en un mundo roto y aterrador. El miedo de Pedro a la tormenta es comprensible, pero sus ojos nunca deberían haber descansado en la tormenta. Aunque Jesús estaba justo frente a él, Pedro apartó sus ojos de Jesús y los clavó en la tormenta. Jesús llama a la fe de Pedro «poca» (versículo 31), porque Pedro creía que el peligro de la tormenta era más fuerte que el poder de Jesús.

Como Pedro, es muy importante dónde ponemos nuestro enfoque. Es fácil para nosotros fijarnos en lo que está mal a nuestro alrededor. Podemos preocuparnos demasiado por la seguridad. No necesitamos negar que las cosas salgan mal o que nuestra seguridad sea importante. Pero cuando la comodidad, la seguridad, incluso nuestro bienestar, nos cuesta tranquilidad, es una buena señal de que hemos perdido el foco en la presencia de Jesús con nosotros. Las Escrituras nos enseñan a elegir descansar en las promesas de Dios y pedirle al Espíritu Santo que nos ayude en nuestra debilidad. Cuando lo hacemos, estamos fijando nuestros ojos en Jesús, no importa cuán terrible sea la tormenta.

Las palabras de Jesús para tu ansiedad

Una forma en que podemos fijar nuestros ojos en Jesús es recordar lo que dice en las Escrituras y aplicarlo a la vida cotidiana. Este podría ser como el momento en que leía un libro sobre osos a mis dos hijos. Cuando llegamos a la sección sobre osos polares, aprendimos que tienen piel negra debajo de su pelaje blanco. La piel negra está destinada a dar a los osos un calor óptimo en su ambiente helado al atraer los rayos del sol. Su pelaje blanco se entiende como camuflaje en el ártico nevado. Mientras leía esto a mis hijos, les señalé que Dios era el diseñador detrás de eso. Les dije que Dios cuidaba a los osos polares y les proporciona exactamente lo que necesitan para sus vidas. Si lo hace por los osos polares, también lo hace por ellos, que son más importante para Dios que los osos polares. Mi inspiración para esta aplicación vino del mismo Jesús. En Mateo 6:25–34, Jesús aborda la ansiedad. Nos presenta al gorrión, para el que proporciona comida, y habla de los lirios del campo, en el que se viste. Él nos dice que si tiene cuidado de ellos, ¿cuánto más proveerá nuestro Padre celestial para todas nuestras necesidades? Entonces Jesús concluye esta sección con esto: «No se preocupen por el día de mañana, porque mañana habrá tiempo para preocuparse. Cada día tiene bastante con sus propios problemas» (versículo 34).

No es suficiente fijar nuestros ojos en Jesús simplemente recordando lo que ha dicho. Debemos tomar a Jesús en su Palabra, también. En el pasaje anterior, Jesús nos dice que tomemos un día a la vez. Pedimos nuestro pan diario, no un suministro de por vida. Este nivel de confianza puede parecer inalcanzable. Pero el secreto de la dependencia diaria de Jesús es exactamente eso: depender de él. Podemos disfrutar la libertad gradual de la ansiedad debido a la naturaleza de la persona que lo promete. ¡Dios no nos ha dado la gracia para mañana o el año que viene, porque aún no ha sucedido! Pero ha prometido darnos gracia por hoy, si le pedimos. Él nos proporcionará lo que realmente necesitamos cuando lo necesitemos. Y a medida que aprendemos el carácter de Dios, sabemos que podemos confiar en él para que haga exactamente lo que ha prometido (y más). Al igual que lo hizo con Pedro, el oso polar, el gorrión y los lirios. Todo lo que tenemos que hacer es recordar lo que Jesús nos ha dicho y luego pedirle al Espíritu Santo que nos permita creer y confiar en él.

Un Salvador que entiende la ansiedad

Jesús es nuestro propio modelo y consolador cuando atravesamos la ansiedad. Él tuvo su propio momento de ansiedad cuando sudaba sangre y lágrimas en el huerto de Getsemaní. Podemos consolarnos en la Escritura, en medio de la ansiedad, cuando vemos que nuestro propio Salvador puede simpatizar con nuestras debilidades. Tenía que haber estado ansioso y agitado la noche anterior a su muerte, sabiendo lo que le esperaba. Pero, ¿qué vemos que hizo Jesús en su momento de mayor ansiedad? Oró.

Más adelante, el apóstol de Jesús, Pablo, escribió a un grupo de cristianos: «No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también. Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús» (Filipenses 4:6–7).

Siendo completamente humano, Jesús tuvo que haber sentido miedo. Pero hizo lo que David dijo de sí mismo en Salmos 56:4: «Cuando tengo miedo, confío en [Dios]».

En medio del miedo y la ansiedad, Jesús avanzó con fe a través de sus fervientes oraciones y su voluntad de rendirse al Padre. Y siguió adelante, por nosotros, a pesar de sus sentimientos. Este es el Dios-hombre que levantó a Pedro de las olas. Y con su muerte nos eleva de la muerte a la vida. Luchó contra la ansiedad, para poder sentir nuestro dolor y ayudarnos. Solo tenemos que tomar su mano. Podemos elegir fijar nuestros ojos en él al recordar lo que nos dijo en las Escrituras y pedirle al Espíritu Santo que nos ayude en nuestra debilidad. Esa es toda la fe que necesitamos.

*Originalmente publicado en inglés en el Engager’s Bible de American Bible Society.

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La Biblia y la salud: un cuidado integral

Por Alejandra Lovecchio de Montamat

Cuando la OMS definió a la salud humana como el completo bienestar físico, psíquico y social, los cristianos ya conocíamos por la Biblia que salud no es meramente la ausencia de alguna enfermedad y que la vida interior de cada ser humano tiene una profunda influencia tanto en su estado físico como en sus relaciones interpersonales.
El pensamiento hebreo que domina la escritura del Antiguo Testamento no concibe una división entre mente y cuerpo por eso cualquier aflicción mental tiene su correspondencia en un signo físico que puede ser visto por los testigos (Pr. 17:22). Aunque el Nuevo Testamento persiste en considerar al hombre como una integridad (1ª Ts. 4:23), el pensamiento griego que influyó la cultura cristiana promovió la errónea idea de estimar la mente (y el alma) por sobre el cuerpo.
Hasta nuestros días llegan las derivaciones entre algunos cristianos: maltratan el cuerpo subestimando su santidad o menosprecian la mayordomía sobre la salud física (1ª Co 6:19-20).

Ciertamente Dios comienza su obra de salvación en el corazón y aunque no podemos percibir el milagro del nuevo nacimiento, podemos evidenciar sus primeros efectos en el cambio mental que genera la presencia del Espíritu Santo en la vida. Luego el permanente camino hacia la santidad incluye no sólo proveer, nutrir y proteger al espíritu sino también al cuerpo humano (3ª Juan 1:2). Las buenas relaciones interpersonales son posibles al unirnos a la familia de la fe (Gálatas 6:10).

La ciencia médica ha avanzado en el reconocimiento de las enfermedades congénitas y adquiridas; examina los agentes exógenos que por sí solos o asociados a desequilibrios endógenos (genes, señales erróneas, estrés prolongado, etc.) inducen desequilibrios que conducen a distintos tipos de trastornos orgánicos. Por los conocimientos modernos se pueden prevenir, tratar y rehabilitar un gran número de dolencias y se está en constante trabajo para implementar nuevas prácticas que ayuden individual o colectivamente a promover el bienestar físico. Debemos dar gracias a Dios por tener el progreso científico a nuestro favor y debemos glorificar su nombre siendo responsables en el cuidado del cuerpo.
El amor ágape, aquel que somos llamados a ejercer los cristianos unos a otros, parte de un correcto cuidado de nuestro propio ser. El Señor Jesús resumió la ley y los profetas en dos grandes máximas: amar a Dios con toda nuestra integridad y al prójimo como a nosotros mismos.

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#YoMeQuedoEnCasa – Recursos alrededor de la Biblia para este tiempo

Recursos alrededor de la Palabra de Dios para toda la familia

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APLICACIONES

Todos, en todas partes, leyendo la Biblia

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RECURSOS PARA NIÑOS

Verdades bíblicas en tiempos de pandemias

Este recurso permite enseñar a los niños, a lo largo de siete días, verdades bíblicas para recordar en este tiempo complejo.

Guías para aprender con la Biblia App

Descargá guías de lectura, con preguntas y actividades, para que los padres reflexionen con los niños sobre el plan eterno de Dios.

Lecciones de la Biblia: Aislados, pero no tanto.

Este material presenta tres historias de la Biblia donde los personajes estuvieron aislados y muestra cómo Dios estuvo con ellos.

El arca de Noé para armar

Imprimí, recortá y armá los personajes. Una oportunidad para compartir esta historia bíblica con los más pequeños.

Juego y aprendo

Imprimí estas actividades divertidas para aprender más sobre una historia de la Biblia. Los recursos son parte de la serie Juego y aprendo.

Historias bíblicas para pintar

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Los cuatro Evangelios en la pantalla

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La Biblia en Lengua de Señas para niños

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CAPACITACIÓN

La Biblia en el centro. Talleres y conferencias

Una variedad de videos sobre la centralidad de las Escrituras en la vida y la misión de la iglesia y su vigencia para la sociedad.

La biblioteca de videos bíblicos más completa

RightNow Media contiene videos creativos y profundamente bíblicos. Recursos para grupos pequeños, familias, liderazgo y mucho más.

Curso online: Predicando la Palabra

Este recurso tiene el objetivo de llamarnos a volver a la centralidad de la predicación bíblica en la vida y ministerio de las iglesias locales.

PARA LEER

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DEVOCIONALES Y LECTURAS BÍBLICAS

Más allá del desastre: primeros auxilios espirituales

Este material presenta formas prácticas de cuidarte y recuperarte emocional y espiritualmente luego de una situación de dolor.

Meditando en el Salmo 23 con Christopher Shaw

Te invitamos a reflexionar en la Palabra de Dios con una serie de seis devocionales pensados especialmente para este tiempo.

¿Qué nos dice el Salmo 91 sobre el coronavirus?

El Salmo 91 habla de la confianza en Dios en los tiempos más oscuros. Una lectura especial para el día de hoy.

Versículos bíblicos para tiempos de desesperanza

Esta publicación digital contiene una selección de textos bíblicos especiales para este tiempo de crisis. Un recurso especial para compartir.

Plan de lectura de 3 días para descargar

La lectura y reflexión de estos pasajes bíblicos te guiarán a conocer el único camino que nos puede llevar a Dios: Jesucristo.

Leonel: Devocional para padres y niños

Un tiempo para que las familias estudien la Biblia juntas. Contiene recursos en audio y actividades para realizar.

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Cinco preguntas para guiar tu lectura de la Biblia

Autora: Tara-Leigh Cobble*

Aunque había crecido en la iglesia y había ganado mi parte de las insignias de memoria de las Escrituras en la escuela dominical, ya era una adulta cuando me di cuenta de que en realidad no entendía gran parte de la Biblia. Sabía cómo sacar un versículo de consuelo cuando necesitaba esperanza, y sabía cómo identificar el pecado en mí y en los demás, pero realmente no había aprendido mucho sobre quién es Dios o qué podría estar tratando de comunicar al mundo a través de su Palabra. Uno de los errores que cometía era acercarme a las Escrituras con un enfoque para mí misma en lugar de poner atención en Dios.

Lo principal que me ayudó a cambiar mi perspectiva fue hacerme cinco preguntas cada vez que leía las Escrituras. Revisaba las preguntas antes de comenzar a leer la Biblia, y nuevamente después de leerla. A veces olvidaba lo que estaba buscando y volvía a mis viejos patrones, pero con el tiempo, estas preguntas comenzaron a surgir de forma natural.

Pregunta 1: ¿Qué dice o hace Dios en este pasaje?

Este tipo de pregunta será fácil de responder cuando el versículo dice algo como: «Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra» (Génesis 1:1) o «[Jesús] tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio» (Lucas 24:30) o «todos quedaron llenos del Espíritu Santo» (Hechos 2:4), pero podría ser más difícil en lugares donde la acción de Dios no se menciona expresamente.

Aquí hay dos ejemplos de pasajes en que las acciones de Dios podrían ser más difíciles de encontrar. Primero, Mateo 6:33 señala: «Por lo tanto, pongan toda su atención en el reino de los cielos y en hacer lo que es justo ante Dios, y recibirán también todas estas cosas». ¿Qué acción está tomando Dios en este versículo? Al principio, puede parecer que no está haciendo nada en absoluto. Pero, ¿quién está haciendo la parte de dar lo que «recibirán (todas estas cosas)»? ¡Dios es el que hace eso! Luego, en la segunda carta de Pablo a la iglesia en Tesalónica, dice: «Hermanos, siempre tenemos que dar gracias a Dios por ustedes, como es justo que hagamos, porque la fe de ustedes está creciendo y el amor que cada uno tiene por los otros es cada vez mayor» (2 Tesalonicenses 1:3). Las personas crecen juntas en fe y amor, Pablo le agradece a Dios, pero ¿qué está haciendo Dios? Aquí hay una pista: ¿a quién agradece Pablo por su crecimiento y su amor? ¡Está agradeciendo a Dios! Pablo reconoce a Dios como el agente activo en el crecimiento de la iglesia y su amor.

Pregunta 2: ¿Qué revela esto acerca de lo que Dios ama?

Algunas veces las Escrituras declaran directamente lo que Dios ama, como «Dios ama al que da con alegría» (2 Corintios 9:7b), pero a veces es evidente en lo que implica el pasaje. Por ejemplo, Proverbios 19:17 dice: «Un préstamo al pobre es un préstamo al Señor, y el Señor mismo pagará la deuda ». Este pasaje transmite no solo el amor de Dios por los pobres sino también por un corazón de generosidad.

Este tipo de pregunta puede parecer que requiere una capa adicional de pensamiento, pero hacemos esto en nuestras relaciones todo el tiempo. Por ejemplo, si alguien dice: «Tienes que ver esta película», entonces naturalmente supongo que les encanta esa película. No es diferente en nuestra relación con Dios y su Palabra. La mayoría de las veces, no es difícil ver lo que ama.

Pregunta 3: ¿Qué revela esto acerca de lo que Dios odia?

Hay algunas personas que piensan que Dios no odia nada. Pero cualquiera que realmente ame una cosa odiará lo que amenace esa cosa. Hay una lista completa de cosas que las Escrituras dicen abiertamente que Dios odia, y son todas las cosas que se oponen a su carácter o hieren a su pueblo.

Por ejemplo, Zacarías 8:17 dice: «No se hagan daño a otros ni juren en falso. Porque yo odio todo eso. Yo, el Señor, lo afirmo». Está claro que Dios odia cuando las personas planean hacerse daño o mentir el uno al otro. Pero también hay versículos donde su odio está implícito, como en Mateo 23:25, donde Jesús dice: «¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que limpian por fuera el vaso y el plato, pero no les importa llenarlos con el robo y avaricia». Aquí, vemos que Dios odia el robo y la avaricia.

Cuando pensamos en esas tres primeras preguntas, sobre las acciones de Dios, lo que ama y lo que odia, aprendemos mucho sobre cómo abordar nuestra próxima pregunta.

Pregunta 4: ¿Qué revela esto acerca de lo que motiva a Dios a hacer lo que hace?

Las motivaciones de Dios a veces se expresan directamente, pero a veces solo se distinguen leyendo la historia completa. A menudo es útil considerar las primeras tres preguntas para llegar a esta cuarta pregunta. Aquí hay un resumen de una historia que ocurre repetidamente en el Antiguo Testamento. Busquemos la motivación de Dios detrás de lo que hace aquí:

Dios proveyó para el pueblo de Israel. Prometieron seguirlo, pero luego se rebelaron. Les había prometido que no los iba a dejar, pero que cuando pecaran y se apartaran de él, él traería consecuencias por sus pecados para que se arrepientan. Cuando Israel confió en los ídolos para ayudarlos y desobedeció los mandamientos de Dios, lo que Dios les había dicho que sucedería sucedió: su sociedad, sus relaciones y sus vidas se rompieron, generalmente, a manos de una nación extranjera. Finalmente, se arrepentirían y volverían a Dios nuevamente, y él demostró ser fiel a su promesa de cuidarlos.

Al mirar las primeras tres preguntas, vemos:

  • Las acciones de Dios: advertir a Israel, hacerles una promesa, traer consecuencias
  • Dios ama: Israel y la obediencia.
  • Dios odia: el pecado, la idolatría, el impacto que tiene en su relación con su pueblo.

Considerando todo eso, podemos ver que la motivación de Dios para poner a Israel bajo una opresión temporal no es que se esté volviendo loco o que los odie. En cambio, es que él tiene un propósito, un plan y una meta de restauración. Está actuando por amor a Israel para ayudarlos a encontrar la libertad de su idolatría para que puedan caminar en la verdad. Él sabe que la idolatría es onerosa y sabe que una alegría más profunda proviene de volverse hacia él. ¡Solo podemos entender la historia de la relación de Dios con su pueblo cuando entendemos que el amor es su motivación!

Si Dios estuviera motivado solo por su odio por el pecado, si no fuera superado por su amor por Israel, probablemente los destruiría. Pero vemos su amor actuando como el motivador. De hecho, es un motivador tan común que podemos asumir con seguridad que siempre está entretejido con los motivos de Dios.

Pregunta 5: En todo eso, ¿qué atributos de Dios se muestran?

¿Ves la misericordia de Dios? ¿Su gracia? ¿Su paciencia? ¿Dónde ves su soberanía o su atención al detalle? ¿Dónde ves su generosidad? Toma nota del carácter de Dios. Cuando hagas esto, comenzarás a verlo más claramente. Saber quién es Dios, quién es realmente, no solo forma nuestra relación con él, sino también toda nuestra vida.

Estas preguntas pueden ser difíciles de recordar. Anótalas en tu diario o en un marcador que usa en tu Biblia, como recordatorio. Eventualmente, buscar a Dios y su carácter en las Escrituras se convertirá en una segunda naturaleza y cambiará la forma en que ves la Palabra de Dios. Y cuando tratas de buscarlo, y luego lo encuentras, ¡creo que te darás cuenta de que él está donde está la alegría! 

*Originalmente publicado en inglés en Engager’s Blog de American Bible Society el 4 de noviembre de 2019.

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8 cosas que el coronavirus debería enseñarnos

Por Mark Oden para The Gospel Coalition

Me desperté esta mañana en Nápoles, la tercera ciudad de Italia, para ser puesto en encierro. Las reuniones públicas, incluidos los servicios religiosos, han sido prohibidas. Bodas, funerales y bautizos han sido cancelados. Se han cerrado escuelas y cines, museos y gimnasios. Mi esposa y yo acabamos de regresar de un viaje de compras que duró dos horas debido a las largas colas. Actualmente, Italia tiene el número más alto de casos de coronavirus fuera de China: 9.172 casos y 463 muertes. Como resultado, se les ha dicho a 60 millones de personas que permanezcan en sus hogares a menos que sea absolutamente necesario.
¿Cómo debemos nosotros, como cristianos, responder a tal crisis? Respuesta: con fe, no con miedo. Debemos mirar al ojo de la tormenta y preguntar: “Señor, ¿qué quieres que aprenda a través de esto? ¿Cómo intentas cambiarme? Aquí hay ocho cosas que todos haríamos bien en aprender, o reaprender, de este susto del coronavirus.

1. Nuestra fragilidad

Esta crisis global nos está enseñando cuán débiles somos como seres humanos. Al momento de escribir este artículo, se han reportado 98,429 casos de coronavirus en todo el mundo, causando 3,387 muertes. Estamos haciendo todo lo posible para contener su propagación. Y, en su mayor parte, creo que confiamos en el éxito final.
Ahora imagine un virus aún más agresivo y contagioso que el coronavirus. Ante tal amenaza, ¿podríamos evitar nuestra propia extinción como especie? La respuesta es claramente no. Es fácil de olvidar, pero los humanos son débiles y frágiles.
Las palabras del salmista suenan verdaderas: “El hombre, como la hierba son sus días: florece como la flor del campo, que pasó el viento [o COVID-19] por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más” (Salmo 103: 15–16).

¿Cómo llega a casa esta lección de nuestra fragilidad? Quizás recordándonos que no tomemos nuestras vidas en esta tierra por sentado. “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría ” (Sal. 90:12).

2. Nuestra igualdad

Este virus no respeta las fronteras étnicas o las fronteras nacionales. No es un virus chino; Es nuestro virus. Está en Afganistán, Bélgica, Camboya, Dinamarca, Francia, Estados Unidos: 77 países (y creciendo) han sido contaminados por el coronavirus.

A los ojos del mundo, todos somos diferentes; a los ojos del virus, somos lo mismo.


Todos somos miembros de la gran familia humana, creada a imagen de Dios (Génesis 1:17). El color de nuestra piel, el idioma que hablamos, nuestros acentos y nuestras culturas no cuentan para nada a los ojos de una enfermedad contagiosa.

En nuestro sufrimiento, en el dolor de perder a un ser querido, somos completamente iguales, débiles y sin respuestas.

3. Nuestra pérdida de control

Todos amamos tener el control. Nos imaginamos capitanes de nuestro destino, dueños de nuestro destino. La realidad es que hoy, más que nunca, podemos controlar partes importantes de nuestras vidas. Podemos controlar la calefacción y la seguridad de nuestra casa de forma remota; podemos mover dinero alrededor del mundo con un clic de una aplicación. Incluso podemos controlar nuestros cuerpos a través del entrenamiento y la medicina.
Pero tal vez esta sensación de control es una ilusión, una burbuja que el coronavirus ha reventado, revelando la realidad de que realmente no tenemos el control.
Ahora, aquí en Italia, las autoridades están tratando de contener la propagación de este virus cerrando, abriendo y volviendo a cerrar las escuelas de nuestros
hijos. ¿Tienen la situación bajo control?
¿Qué pasa con nosotros? Armados con nuestros aerosoles desinfectantes, tratamos de reducir los riesgos de infección. No hay nada malo con esto. ¿Pero estamos en control de la situación? Apenas.

4. El dolor que compartimos al ser excluidos

Hace unos días, una miembro de nuestra iglesia viajó al norte de Italia. A su regreso a Nápoles, fue excluida de una cena con colegas de trabajo. Le dijeron que sería mejor para ella no venir debido a sus recientes viajes al norte, a pesar de que no había estado cerca de las zonas rojas y no mostraba ningún síntoma de coronavirus. Obviamente, este distanciamiento la lastimó.
El dueño de un restaurante de 55 años del centro de Nápoles ha sido puesto en cuarentena recientemente. Después de haber dado positivo por COVID-19, se dijo que se sentía relativamente bien físicamente, pero se entristeció por las reacciones de muchos de sus vecinos: “Lo que lo ha lastimado más que su diagnóstico positivo por el coronavirus, es la forma en que él y su familia han sido tratados por la ciudad en la que vive” (periódico Il Mattino, 2 de marzo de 2020).
Ser excluido y aislado no es algo fácil, ya que fuimos creados para una relación.
Pero muchas personas, ahora, tienen que lidiar con el aislamiento. Es una experiencia que la comunidad de leprosos de la época de Jesús conocía demasiado bien. Forzados a vivir solos, caminando por las calles de sus pueblos gritando: “¡Inmundo! ¡Inmundo!” (cf. Lev. 13:45).

5. La diferencia entre el temor y la fe

O tal vez esta crisis nos está desafiando a reaccionar con fe y no con miedo. Más bien, fe en Jesucristo, el buen pastor.

¿Cuál es tu reacción ante esta crisis? Es tan fácil dejarse llevar por el miedo. Es fácil ver el coronavirus en todas partes: en el teclado de mi computadora, en el aire que respiro, en cada contacto físico y en cada esquina, esperando infectarme. ¿Estamos en pánico?

O tal vez esta crisis nos está desafiando a reaccionar de una manera diferente, con fe y no con miedo. Fe no en las estrellas o en alguna deidad desconocida.

Más bien, fe en Jesucristo, el buen pastor que también es la resurrección y la vida.
Seguramente solo Jesús tiene el control de esta situación; seguramente solo él puede guiarnos a través de esta tormenta. Nos llama a confiar y creer, a tener fe y no miedo.

6. Nuestra necesidad de Dios y nuestra necesidad de orar

En medio de una crisis global, ¿cómo podemos nosotros como individuos hacer una diferencia? A menudo nos sentimos tan pequeños e insignificantes.
Pero hay algo que podemos hacer. Podemos llamar a nuestro Padre en el cielo.
Ore por las autoridades que dirigen nuestros países y ciudades. Ore por los equipos médicos que tratan a los enfermos. Ore por los hombres, mujeres y niños que han sido infectados, por las personas que tienen miedo de abandonar sus hogares, por aquellos que viven en zonas rojas, por aquellos en alto riesgo de otras enfermedades y por los ancianos. Ore para que el Señor nos proteja y nos guarde. Ore para que nos muestre su misericordia.
Ore también por el retorno del Señor Jesús, para llevarnos a la nueva creación que ha preparado para nosotros, un lugar sin lágrimas, sin muerte, sin luto, llanto o dolor (Ap. 21: 4).

7. La vanidad de muchas de nuestras vidas

“Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Ec. 1: 2).

Quizás esta crisis nos está enseñando lo que es realmente importante en nuestras vidas y lo que es vanidad.

Es muy fácil perder la perspectiva en medio de la locura de nuestras vidas. Nuestros días están tan llenos de personas y proyectos, trabajos y listas de deseos, hogares y días festivos, que podemos llegar a luchar para distinguir lo importante de lo urgente. Nos perdemos en medio de nuestras vidas.

Quizás esta crisis nos está recordando con qué deberíamos preocuparnos. Quizás
nos esté ayudando a distinguir entre lo que tiene sentido y lo que no tiene sentido. Quizás la Premier League, o esa nueva cocina, o esa publicación de Instagram no son esenciales para mi supervivencia. Quizás el coronavirus nos está enseñando lo que realmente importa.

8. Nuestra esperanza

En cierto sentido, la pregunta más importante no es, “¿Qué esperanza tienes frente al coronavirus?” porque Jesús vino a advertirnos de la presencia de un virus mucho más letal y generalizado, uno que ha afectado a todos los hombres, mujeres y niños. Un virus que termina no solo en una muerte segura, sino en la muerte eterna. Nuestra especie, según Jesús, vive en las garras de un brote pandémico llamado pecado. ¿Cuál es tu esperanza frente a ese virus?

La historia de la Biblia es la historia de un Dios que entró en un mundo
infectado con este virus. Vivía entre personas enfermas, no vestía un traje de
protección química, sino que respiraba el mismo aire que nosotros, comiendo la
misma comida que nosotros. Murió aislado, excluido de su pueblo,
aparentemente lejos de su Padre en una cruz, todo para proporcionar a este
mundo enfermo con un antídoto contra el virus, para sanarnos y darnos vida
eterna. Escucha sus palabras:

Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11: 25–26)

Mark Oden es pastor de la Chiesa Evangelica Neapolis en Nápoles, Italia.

Traducción: Ruben A. Del Ré

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8 recordatorios ante la pandemia del coronavirus

La cura para la ansiedad latente

Estos son días extraños, días de miedo, días de histeria. En otras palabras, días que simplemente traen a la superficie todas nuestras ansiedades latentes; ansiedades que estuvieron allí todo el tiempo pero que ahora se hacen visibles para otros. ¿Qué debemos recordar en estos días de alarma?

1. El mundo de la Biblia

Ahora sabemos cómo se sintió el pueblo de Dios en toda la Biblia, especialmente en el Antiguo Testamento. Los Profetas y muchos de los Salmos hablan a personas atrapadas en la histeria colectiva o sometidas a pandemias. Quizás el momento cultural actual es precisamente la hermenéutica que necesitamos para leer el Antiguo Testamento – que de otra manera puede sentirse tan extraño – profundamente por primera vez.

2. Nuestra verdadera confianza

Los tiempos de pánico público nos obligan a alinear nuestra creencia que profesamos con nuestra creencia real. Todos decimos que creemos que Dios es soberano y que nos está cuidando. Pero revelamos nuestra verdadera confianza cuando el mundo entra en crisis. ¿Cuál es realmente la lealtad más profunda de nuestro corazón? La respuesta se ve obligada a salir a la superficie en tiempos de alarma pública, como los que estamos entrando ahora.

3. Amor al prójimo

Cuando la economía se está hundiendo, surgen las oportunidades para sorprender a nuestros vecinos con nuestra confianza y alegría provenientes del evangelio. Ahora es el momento de estar más afuera, amar más, ser más hospitalarios. El amor se destaca más cuando es menos esperado, más raro, pero más necesario.

4. Discipulado familiar

Los maestros de nuestros hijos les dicen que se laven las manos por más tiempo. ¿Por qué? Sus maestros no se lo dirán, pero es porque hay un virus peligroso que infecta a miles de personas en todo el mundo en este momento, tanto jóvenes como viejos, y algunas de esas personas morirán. El cielo y el infierno están mirando a la cara a todos los niños de cuarto grado. Por eso se les dice que se laven las manos durante veinte segundos. Tenemos la oportunidad de inculcar en nuestros hijos una conciencia más profunda de la eternidad de la que jamás hayan conocido. Hay un efecto saludable en todo esto porque el cielo o el infierno esperan a cada alumno de cuarto grado, ya sea por causa de un virus el próximo mes o por causa de la vejez dentro de muchas décadas. Dentro de diez mil años, la diferencia entre haber muerto a los diez años o a los ochenta parecerá trivial. Esta es una oportunidad para discipular a nuestras familias en la vigorosa realidad de la eternidad.

5. Esperanza escatológica

Quizás este sea el final. Lo dudo, pero tal vez. Jesús dijo que nadie sabe el día ni la hora (Mateo 24:36). Quizás la vista de Jesús descendiendo del cielo, vestido de gloria, rodeado de ángeles, está a la vuelta de la esquina. Si es así, aleluya. Si no, aleluya. Se nos recuerda que él volverá algún día. De cualquier manera, regocijémonos en nuestro camino a través del caos. Desde la costa del cielo veremos cuán eternamente seguros estuvimos todo el tiempo.

6. Providencia invencible

Ninguna molécula infectada puede ingresar a sus pulmones, o los pulmones de su hijo de tres años, a menos que sea enviado por la mano de un Padre celestial. El Catecismo de Heidelberg define la providencia de Dios como “El poder de Dios omnipotente y presente en todo lugar, por el cual sustenta y gobierna el cielo, la tierra y todas las criaturas de tal manera, que todo lo que la tierra produce, la lluvia y la sequía, la fertilidad y la esterilidad, la comida y la bebida, la salud y la enfermedad, riquezas y pobrezas, y finalmente todas las cosas no acontecen sin razón alguna como por azar, sino por su consejo y voluntad paternal”. Esa verdad es como el inhalador de un asmático para nuestra alma: nos calma, nos permite respirar de nuevo.

7. El corazón de Cristo

En épocas de agitación, en épocas de angustia, Jesús se siente más con su pueblo que nunca. Hebreos nos dice que Jesús experimentó todo el horror de este mundo que nosotros hacemos, menos el pecado (Hebreos 4:15). Así que aparentemente él sabe – él mismo lo sabe – en el fondo, lo que se siente al ver la vida cerrarse sobre ti y que tu mundo entre en crisis. Podemos ir a él. Podemos sentarnos con él. Su brazo nos rodea, más fuerte que nunca, en este momento. Sus lágrimas son más grandes que las nuestras.

8. El cielo

Desde la costa del cielo veremos cuán eternamente seguros estuvimos todo el tiempo, incluso en medio de la agitación global y las ansiedades que se ciernen tan grandes mientras los atravesamos. Los peligros que existen son reales. Las precauciones son sabias. Nuestros cuerpos son mortales, vulnerables. Pero nuestras almas, las de aquellos que estamos unidos a un Cristo resucitado, están fuera del alcance de todo peligro eterno. No hay de qué temer. Estamos en Cristo. Quédate en paz. Todo está asegurado.

Autor: Dane Ortlund, director editorial y editor bíblico de Crossway.

Traducción: Ruben A. Del Ré

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10 versículos de la Biblia para tu matrimonio

El matrimonio es en primer lugar compartir la vida, “en la salud y en la enfermedad, en las horas de prueba y en las de alegría, en la pobreza y en la prosperidad, hasta que la muerte los separe”. Todo esto será imposible sin amor. Y no con cualquier clase de amor, sino con un amor puro, sacrificado y generoso. Un amor, como el amor divino, aprendido de Dios, que “no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;  no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”.

Muchas personas no conocen o no tienen en cuenta lo que Dios dice acerca del amor y las relaciones. Así, entonces, arman su vida y expresan su amor como les parece mejor, o basados en lo que la gente dice y hace acerca de las relaciones. 

Es muy importante conocer qué dice Dios sobre el amor  y para qué inventó la relación entre hombre y mujer. ¡Nuestro Creador sabe hacer que todo funcione en  forma excelente!

Descubrí diez textos bíblicos para tu matrimonio:

Tener amor es saber soportar; es ser bondadoso; es no tener envidia, ni ser presumido, ni orgulloso, ni grosero, ni egoísta; es no enojarse ni guardar rencor; es no alegrarse de las injusticias, sino de la verdad. Tener amor es sufrirlo todo, creerlo todo, esperarlo todo, soportarlo todo. El amor jamás dejará de existir. Un día el don de profecía terminará, y ya no se hablará en lenguas, ni serán necesarios los conocimientos. 1 Corintios 13: 4-8.

Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su esposa, y los dos llegan a ser como una sola persona. Génesis 2: 24.

Y tanto el esposo como la esposa deben cumplir con los deberes propios del matrimonio. Ni la esposa es dueña de su propio cuerpo, puesto que pertenece a su esposo, ni el esposo es dueño de su propio cuerpo, puesto que pertenece a su esposa. Por lo tanto, no se nieguen el uno al otro, a no ser que se pongan de acuerdo en no juntarse por algún tiempo para dedicarse a la oración. Después deberán volver a juntarse; no sea que, por no poder dominarse, Satanás los haga pecar. 1 Corintios 7:3-5

¡Qué gratas son tus caricias, hermanita, novia mía! ¡Son tus caricias más dulces que el vino, y más deliciosos tus perfumes que todas las especias aromáticas! Novia mía, de tus labios brota miel. ¡Miel y leche hay debajo de tu lengua! ¡Como fragancia del Líbano es la fragancia de tu vestido! Cantar de los Cantares 4:10-11

Mi amado es, entre los hombres, como un manzano entre los árboles del bosque. ¡Qué agradable es sentarme a su sombra! ¡Qué dulce me sabe su fruta! Me llevó a la sala de banquetes y sus miradas para mí fueron de amor. ¡Reanímenme con tortas de pasas, aliméntenme con manzanas,
porque me muero de amor! Cantar de los Cantares 2: 3-5

Llévame grabada en tu corazón, ¡llévame grabada en tu brazo!
El amor es inquebrantable como la muerte; la pasión, inflexible como el sepulcro. ¡El fuego ardiente del amor es una llama divina! El agua de todos los mares no podría apagar el amor; tampoco los ríos podrían extinguirlo.
Si alguien ofreciera todas sus riquezas a cambio del amor, burlas tan sólo recibiría. Cantar de los Cantares 8: 6-7

Me robaste el corazón, hermanita, novia mía; me robaste el corazón con una sola mirada tuya, con uno de los hilos de tu collar. Cantar de los Cantares 4:9

El odio provoca peleas, pero el amor perdona todas las faltas. Proverbios 10:12 

El más hermoso de los poemas de Salomón. Cantares 1:2

No abandones nunca el amor y la verdad; llévalos contigo como un collar.
Grábatelos en la mente, y tendrás el favor y el aprecio de Dios y de los hombres. Proverbios 3:3-4

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Cristo en el centro del matrimonio

Por Marcos Buzzelli *

Las Sagradas Escrituras son fundamento y fuente constante de gracia para todas nuestras relaciones y en especial la de pareja. Uno de los pasajes que ha sido de mucha ayuda para mi propio matrimonio se encuentra en Gálatas 6:1-2: “Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, ustedes, que son espirituales, restáurenlo con espíritu de mansedumbre. Piensa en ti mismo, no sea que también tú seas tentado. Sobrelleven los unos las cargas de los otros, y cumplan así la ley de Cristo.” 

Pablo escribió esto para una comunidad de fe, pero creo que puede aplicarse también a esta dimensión de la vida. La relación de pareja nos presenta uno de los privilegios y desafíos más grandes de la vida, una cercanía sin igual con otro ser humano. Con ello, no solo acercamos lo que, por la gracia de Dios es fuerte, bello y constructivo de nosotros. También acercamos lo débil y vergonzoso.

Pablo comienza esta porción de la carta con la frase “si alguno es sorprendido en alguna falta”. ¡Vamos a “sorprender” y “ser sorprendidos” en tantas faltas al caminar juntos la vida! Frente a esto, con frecuencia nos frustramos, juzgamos y tomamos distancia. Pablo es claro, la verdadera madurez espiritual pasa por un accionar completamente opuesto. “Ustedes, que son espirituales, restáurenlo con espíritu de mansedumbre”. La relación de pareja debe ser esencialmente restauradora. Luego continúa: “Piensa en ti mismo, no sea que también tú seas tentado”. Pablo animaba a sembrar en el presente la clase de trato que querríamos cosechar en un futuro. Creo que honestamente podemos también mirar a nuestro pasado y presente para encontrar razones para “pensar en nosotros mismos” y “restaurar con mansedumbre”.

El Apóstol dice: “Sobrelleven los unos las cargas de los otros”. Hay allí un compromiso cercano, tan cercano que la falta y la lucha de mi pareja es ahora también mía. ¿Cómo es esto posible? Sin duda alguna, no será viviendo nuestra relación de pareja en base al modelo social que promueve como valor absoluto el bienestar propio.

Pablo nos lleva a Cristo; y solo cuando Cristo es el centro de nuestra relación de pareja y la fuente de gracia podremos vivir relaciones restauradoras. “Y cumplan así la ley de Cristo”. ¿Cuál fue esa ley? Que no nos juzgó desde la distancia entre cielo y la tierra. Se acercó a nosotros, se “desposó” con nosotros pecadores. Si Cristo siendo yo pecador me “desposó” y llevó mis cargas, ¿cómo no he de hacerlo yo con las de mi pareja?

Les animo, me animo, a vivir nuestra relación de pareja a la luz de las Escrituras centradas en Cristo. Es en ese encuentro con Aquel a quien toda la Escritura revela que encontraremos sabiduría, ánimo y gracia para seguir caminando juntos.

* Magister en Biblia con especialidad en Misiología. Director de iniciativas latinoamericanas de The Grace Institute.

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Sueños y metas

Todo en la Biblia se trata de Dios. Es la historia de un Dios que invita a participar al hombre en su plan perfecto y que le dará al ser humano un sentido de satisfacción y propósito pleno. Desde el comienzo de la historia humana se manifestó la intencionalidad de Dios de que seamos participantes activos de su reino, fructificando, multiplicando, señoreando, poniendo nuestra impronta y creatividad en la transformación permanente de lo inicialmente creado.

Dentro de esa bendición inicial se le dio al hombre la libertad e inteligencia para gobernar, planificar y dirigir. Y es justamente en la plena comunión con la trinidad donde encontramos un sentido de valor como seres, mientras el uso de la imaginación, el trabajo, los objetivos y planes se conjugan extraordinariamente con el hacer de Dios.

Somos llamados colaboradores de un Dios que claramente tiene un plan, un diseño, un propósito manifiestamente definido que le llevará gloria a Su Nombre.

Pero no somos lanzados al desafío de vivir nuestros sueños y alcanzar con esfuerzo nuestras metas sin más. La Palabra de Dios nos advierte del peligro de hacerlo sin la perspectiva de Dios. Es que esa capacidad inicial del hombre fue enormemente dañada por la introducción del pecado en la humanidad y, por lo tanto, también sus sueños, metas y propósitos han sido corrompidos.

Sería arrogante pensar que Dios nos acompaña en todo emprendimiento que instauremos en nuestro corazón pretendiendo sujetar a Dios a acompañar y bendecir nuestros propios sueños y planes. Por el contrario, los grandes hombres y mujeres de fe fueron interrumpidos por Dios en sus proyectos personales, para ser llevados a los pensamientos y metas de él. Jamás se propusieron en su corazón ser quienes fueron ni hacer lo que hicieron. Por subordinar sus vidas a los grandes propósitos de Dios tuvieron que pagar un precio enorme de olvido, sacrificio, dolor, desarraigo e incomprensión.

Solo una clara dependencia de Dios, un caminar diario con Jesús y una visión renovada en el Espíritu por la lectura de su Palabra, puede ayudarnos a adquirir el entrenamiento necesario para comprender y subordinar toda meta personal al propósito eterno de Dios en todas las áreas de nuestras vidas. Solo así el propósito final será que su reino se establezca en la tierra y se manifieste así su voluntad en la tierra como en el cielo.

Pr. Juan Carlos Gervilla

Pastor en la Iglesia de los Libres en Mendoza. Contador Público Nacional. Docente en colegio secundario.

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En tiempos difíciles, Dios es fiel

 

Dios es fiel, y eso significa que siempre hará lo que dijo y cumplirá lo que prometió. Exploremos en la Biblia por qué podemos confiar en Él y como su fidelidad impacta en nuestras vidas:

“Conoce, pues, que Jehová tu Dios es Dios, Dios fiel”  Deuteronomio 7:9 

La perfección de la fidelidad de Dios puede resultar incomprensible para nuestras mentes  finitas. Diferente a lo que sucede con los seres humanos, la fidelidad es esencial a la naturaleza de Dios. Dios siempre hará lo que dice y cumplirá lo que prometió.

 

“Dios no es como los mortales: no miente ni cambia de opinión. Cuando él dice una cosa, la realiza. Cuando hace una promesa, la cumple.” Números 23:19

Podemos recordar diariamente sus promesas y confiar en que, más allá de cómo se vean las circunstancias, Él es fiel para cumplir todo lo que prometió.  

 

“Jehová, hasta los cielos llega tu misericordia, y tu fidelidad alcanza hasta las nubes.” Salmos 36:5

Podemos confiar en su fidelidad eterna. Dios que ha sido fiel en el camino, no nos descuidará en el tiempo de angustia. 

 

“Sábelo bien: el Señor tu Dios es Dios, el Dios fiel que cumple con su pacto y su misericordia con aquellos que lo aman y cumplen sus mandamientos, hasta mil generaciones.” Deuteronomio 7:9

Cuando el mundo “se nos viene encima” doblegarse en la tristeza y el desánimo suelen ser, aparentemente, las únicas alternativas para nuestro confundido corazón. Concentrar nuestros pensamientos en esta provisoria realidad, terminará por sepultar nuestra esperanza.

Conocer a Dios nos permite tener alternativas en medio de las dificultades. Recordar que un atributo de su carácter es ser inmutable puede ser la luz de esperanza en medio de la presente oscuridad.  “¡Dios es fiel!” recordó el escritor, y le bastó para abandonar la totalidad de su ser a la realidad de esta verdad, y poner en ella, toda su esperanza.

 

Hasta he llegado a pensar que ha muerto mi firme esperanza en el Señor. Recuerdo mi tristeza y soledad, mi amargura y sufrimiento; me pongo a pensar en ello y el ánimo se me viene abajo.  Pero una cosa quiero tener presente y poner en ella mi esperanza: El amor del Señor no tiene fin, ni se han agotado sus bondades. Cada mañana se renuevan; ¡qué grande es su fidelidad! 

Lamentaciones 3:18-23

Podemos, al igual que el escritor, descansar en el amor constante, fiel e inagotable de Dios. ¿Acaso alguna vez habló sin actuar? ¿Alguna vez prometió sin cumplir? ¡Nunca! En los tiempos más difíciles resuenan en nuestro corazón las palabras del profeta: 

“Yo te he amado con amor eterno; por eso te sigo tratando con bondad”. Jeremías 31:3

 

Te animamos a seguir explorando lo que la Biblia dice sobre la fidelidad de Dios. Con el  tiempo, lo que aprendemos de Dios se convierte en motivación, esperanza y confianza diaria.

 

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