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Doce versículos bíblicos sobre la amistad

Dios nos creó como seres relacionales, no para andar solos en este mundo. Fuimos hechos para sostenernos, amarnos, y cuidarnos unos a otros. Es por eso que queremos invitarte a que medites en la Biblia y permitas que Dios te muestre cuál es la forma ideal en la que debemos buscar relacionarnos con otros y hacer más y mejores amigos. ¡Que lo disfrutes!

El que cubre la falta busca amistad;
Mas el que la divulga, aparta al amigo.
Proverbios 17.9

En todo tiempo ama el amigo,
Y es como un hermano en tiempo de angustia.
Proverbios 17.17

El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo;
Y amigo hay más unido que un hermano.
Proverbios 18.24

El ungüento y el perfume alegran el corazón,
Y el cordial consejo del amigo, al hombre.
Proverbios 27.9

Hierro con hierro se aguza;
Y así el hombre aguza el rostro de su amigo.
Proverbios 27.17

Nadie tiene mayor amor que este,
que uno ponga su vida por sus amigos.
Juan 15.13

Y como queréis que hagan los hombres con vosotros,
así también haced vosotros con ellos.

Lucas 6.31

Amaos los unos a los otros con amor fraternal;
en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros.

Romanos 12.10

Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios.
Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios.

1 Juan 4.7

Sobrellevad los unos las cargas de los otros,
y cumplid así la ley de Cristo.

Gálatas 6.2

Y considerémonos unos a otros
para estimularnos al amor y a las buenas obras.

Hebreos 10.24

Ya no os llamaré siervos,
porque el siervo no sabe lo que hace su señor;
pero os he llamado amigos,
porque todas las cosas que oí de mi Padre,
os las he dado a conocer.
Juan 15.15

 

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Doce versículos bíblicos sobre las finanzas

Un tema que nos preocupa a muchos es el manejo de los recursos. ¿Cómo evitar caer en la tentación de preocuparnos de más? ¿Cómo poder descansar en la bondad de Dios y confiar que ÉL dará todo lo necesario a sus hijos?

La Biblia nos provee principios para poder gobernar esta área de nuestra vida y permitir que Dios obre en nosotros, aun en lo que respecta a nuestra economía.

Honra a Jehová con tus bienes,
Y con las primicias de todos tus frutos.
Proverbios 3.9

Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas,
Y mira con cuidado por tus rebaños.
Proverbios 27.23

Las riquezas de vanidad disminuirán;
Pero el que recoge con mano laboriosa las aumenta.
Proverbios 13.11

El rico se enseñorea de los pobres,
Y el que toma prestado es siervo del que presta.
Proverbios 22.7

El que ama el dinero, no se saciará de dinero;
y el que ama el mucho tener, no sacará fruto.
También esto es vanidad.
Eclesiastés 5.10

En todo os he enseñado que, trabajando así,
se debe ayudar a los necesitados.
Hechos 20.35a

Más bienaventurado es dar que recibir.
Hechos 20.35b

Contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo:
No te desampararé, ni te dejaré.
Hebreos 13.5b

Pero esto digo: El que siembra escasamente,
también segará escasamente;
y el que siembra generosamente,
generosamente también segará.
2 Corintios 9.6

Porque donde esté vuestro tesoro,
allí estará también vuestro corazón.
Mateo 6.21

Ninguno puede servir a dos señores;
porque o aborrecerá al uno y amará al otro,
o estimará al uno y menospreciará al otro.
No podéis servir a Dios y a las riquezas.
Mateo 6.24

No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros;
porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley.
Romanos 13.8

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Doce versículos bíblicos sobre el trabajo

La Biblia nos enseña que Dios es el creador del trabajo. Aunque el pecado distorsionó esta realidad, Dios obra la redención de todas las cosas. Una vida transformada por el Evangelio se refleja también en esta área de nuestras vidas. 

Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón,
como para el Señor y no para los hombres.
Colosenses 3.23

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.
Filipenses 4.13

Las riquezas de vanidad disminuirán;
Pero el que recoge con mano laboriosa las aumenta.
Proverbios 13.11

Trabajad, no por la comida que perece,
sino por la comida que a vida eterna permanece,
la cual el Hijo del Hombre os dará.
Juan 6.27

Encomienda a Jehová tus obras,
Y tus pensamientos serán afirmados.
Proverbios 16.3

Cuando comieres el trabajo de tus manos,
Bienaventurado serás, y te irá bien.
Salmos 128.2

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados,
y yo os haré descansar.
Mateo 11.28

Y todo lo que hacéis, sea de palabra o de hecho,
hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús,
dando gracias a Dios Padre por medio de él.
Colosenses 3.17

Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo.
Eclesiastés 4.9

El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje,
haciendo con sus manos lo que es bueno,
para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.
Efesios 4.28

Porque si alguno no provee para los suyos,
y mayormente para los de su casa, ha negado la fe,
y es peor que un incrédulo.
1 Timoteo 5.8

Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes,
creciendo en la obra del Señor siempre,
sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.
1 Corintios 15.58

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Doce versículos bíblicos sobre el compromiso social

El compromiso social nos confronta con un mundo convulsionado, que sufre, necesitado y a la vez con el propósito y los recursos de nuestro Dios.

Te invitamos a ser desafiado por la Palabra de Dios para comprender que como cristianos estamos llamados a cumplir de forma activa un rol importante en nuestra sociedad, mostrando el amor de Dios para con su creación.

Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados;
solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne,
sino servíos por amor los unos a los otros.
Gálatas 5.13

Así que, según tengamos oportunidad,
hagamos bien a todos,
y mayormente a los de la familia de la fe.
Gálatas 6.10

Nada hagáis por contienda o por vanagloria;
antes bien con humildad,
estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.
Filipenses 2.3

El que es el mayor de vosotros,
sea vuestro siervo.
Mateo 23.11

Si alguno quiere ser el primero,
será el postrero de todos,
y el servidor de todos.
Marcos 9.35b

Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido,
sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.
Marcos 10.45

Los que creen en Dios procuren ocuparse en buenas obras.
Tito 3.8b

Servíos por amor los unos a los otros.
Gálatas 5.13b

En lo que requiere diligencia, no perezosos;
fervientes en espíritu, sirviendo al Señor.
Romanos 12.11

Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer bien.
2 Tesalonicenses 3.13

Juzgad conforme a la verdad,
y haced misericordia y piedad
cada cual con su hermano.
Zacarías 7.9a

Amad, pues, a vuestros enemigos,
y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada.
Lucas 6.35a

 

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Doce versículos bíblicos sobre la salud

Cuando la OMS definió a la salud humana como el completo bienestar físico, psíquico y social, los cristianos ya conocíamos por la Biblia que salud no es meramente la ausencia de alguna enfermedad y que la vida interior de cada ser humano tiene una profunda influencia tanto en su estado físico como en sus relaciones interpersonales.

Ciertamente Dios comienza su obra de salvación en el corazón y aunque no podemos percibir el milagro del nuevo nacimiento, podemos evidenciar sus primeros efectos en el cambio mental que genera la presencia del Espíritu Santo en la vida. Luego el permanente camino hacia la santidad incluye no sólo proveer, nutrir y proteger al espíritu sino también al cuerpo humano.

No seas sabio en tu propia opinión;
Teme a Jehová, y apártate del mal;
Porque será medicina a tu cuerpo,

Y refrigerio para tus huesos.
Proverbios 3.7-8

Echando toda vuestra ansiedad sobre él,
porque él tiene cuidado de vosotros.
1 Pedro 5.7

El sana a los quebrantados de corazón,
Y venda sus heridas.
Salmos 147.3

Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas,
y que tengas salud, así como prospera tu alma.
3 Juan 1.2

Mas a Jehová vuestro Dios serviréis,
y él bendecirá tu pan y tus aguas;
y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti.
Éxodo 23.25

Porque mis palabras son vida a los que las hallan,
Y medicina a todo su cuerpo.
Proverbios 4.22

Sáname, oh Jehová, y seré sano;
sálvame, y seré salvo; porque tú eres mi alabanza.
Jeremías 17.14

Y cuando la gente lo supo, le siguió;
y él les recibió, y les hablaba del reino de Dios,
y sanaba a los que necesitaban ser curados.
Lucas 9.11

Porque yo soy Jehová tu sanador.
Éxodo 15.26b

El corazón alegre constituye buen remedio;
Mas el espíritu triste seca los huesos.
Proverbios 17.22

El es quien perdona todas tus iniquidades,
El que sana todas tus dolencias.
Salmos 103.3

Jehová Dios mío,
A ti clamé, y me sanaste.
Salmos 30.2

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Cómo acercarse a la Biblia

¿Alguna vez has decidido leer la Biblia? ¿Cómo te fue? Tal vez te diste cuenta que no es como leer cualquier otro libro; no es fácil leer la Biblia de principio a fin. Quizás ha sido tu experiencia  tomar la Biblia en mano e iniciar con la primera página de Génesis. Avanzas por el libro y sorprendentemente, se lee como una novela interesantísima: con tentación, intriga, fratricidio, misterio, peleas, rivalidades, poligamia, violación, masacres, destrucción de ciudades, un pilar de sal, y encima de todo, la fidelidad de Dios.

Al terminar los 50 capítulos de Génesis, te felicitas y tienes la determinación de continuar. Éxodo, también sigue igual, lleno de relatos como la historia de la niñez de Moisés, las diez plagas, el éxodo de los israelitas de Egipto, cruzando el Mar Rojo, y los diez Mandamientos. Y si no fuera suficiente, hay guerras, el agua que sale de la roca y el becerro de oro. Estás por terminar Éxodo y encuentras una sección en cuanto a la construcción del tabernáculo. No importa, pasas a Levítico y de pronto todo se paraliza cuando encuentras página tras página de leyes que ni puedes entender. Después Números habla de censos, y siendo fiel al nombre del libro, se da una cantidad de números, que ya dejas el experimento sobre la mesita de cama.

No te gusta darte por vencido, pero ¡ya no puedes más! Entonces, ¿cómo puedes acercarte a la Biblia? Es importante entender que la Biblia no es un solo libro que debes leer de principio a fin. Es cierto que el primer libro, Génesis trata el origen de todo, y que Apocalipsis, el último libro, habla de las cosas finales. Sin embargo, la Biblia es un conjunto de muchos libros separados en dos partes: el Antiguo Testamento, que también es la Sagrada Escritura de los judíos, y el Nuevo Testamento, que trata la vida de Jesús (Juan 21:25), el inicio de la iglesia (Hechos 1:1–5) y las cartas escritas a los primeros creyentes como parte de las instrucciones de los apóstoles para las iglesias esparcidas por todo el imperio romano (2 Tesalonicenses 2:15).

Así que, la Biblia tiene muchos libros escritos por una buena cantidad de autores, pero todos bajo la inspiración del Espíritu Santo (1 Pedro 1:10-12). Entonces podemos decir con certeza que la Biblia es la Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16-17). Es importante entender la unidad de la Biblia, porque todo señala a Jesucristo, Dios hecho hombre, la fuente de nuestra salvación. Puedes comenzar a leer un Evangelio, o una carta de Pablo, o un libro del Antiguo Testamento y puedes experimentar el poder de Dios por medio de su Palabra.

¿Qué dice la Biblia de sí misma? Por toda las Sagradas Escrituras los autores nos hablan de cómo la Biblia se relaciona con nosotros. He aquí unos ejemplos:

«La enseñanza del Señor es perfecta,
porque da nueva vida.
El mandato del Señor es fiel,
porque hace sabio al hombre sencillo.
¡Son más dulces que la miel del panal!
Son también advertencias a este siervo tuyo,
y le es provechoso obedecerlos» (Salmo 19:7,10b–11).
«Ustedes estudian las Escrituras con mucho cuidado, porque esperan encontrar en ellas la vida eterna; sin embargo, aunque las Escrituras dan testimonio de mí, ustedes no quieren venir a mí para tener esa vida» (Juan 5:39–40).
«Porque la palabra de Dios tiene vida y poder. Es más cortante que cualquier espada de dos filos, y penetra hasta lo más profundo del alma y del espíritu, hasta lo más íntimo de la persona; y somete a juicio los pensamientos y las intenciones del corazón» (Hebreos 4:12).
« “…pero la palabra del Señor permanece para siempre.” Y esta palabra es el evangelio que se les ha anunciado a ustedes» (1 Pedro 1:25).

En los meses que vienen espero poder explorar más de cómo podemos acercarnos a la Biblia. Por ahora, comenzaremos con los siguientes tres pasos:

  1. Escoge un tiempo regular para leer la Biblia. Puede ser de 5 a 10 minutos para comenzar, después de levantarte, durante el descanso que tienes al mediodía, o aun antes de acostarte. La clave es hacerlo consistentemente.
  2. Comienza con uno de los Evangelios. Te recomiendo el Evangelio de San Marcos, que es el más corto; o el Evangelio de San Juan, que habla de Jesús, el Hijo de Dios.
  3. Lee por lo menos unos versículos y a lo máximo un capítulo. Antes de leer eleva una corta oración. Puede ser la siguiente: «Espíritu Santo, ilumina mi entendimiento, para que al leer la Biblia, sienta la presencia de Dios Padre que se manifiesta a través de tu Palabra. Amén».

Comienza hoy. ¡Te deseo mucha bendición y mucho éxito!

Autor: Gary Wiley, 26 de septiembre 2017.
Fuente: Blog de la Biblia – blog.bible

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¿Atrapado en cuarentena? Hay consuelo en la Biblia

Puedes estar sentado en una habitación pequeña y escasamente amueblada, mirando un retrato individual, esperando saber cuándo puedes volver al trabajo. Tal vez seas quien se muerde las uñas fuera del hospital, anhelando una palabra de esperanza de que tu ser querido se recupere después de contraer el virus. Tal vez seas el pasajero en espera que necesita desesperadamente subir a ese vuelo para despedirte de un ser querido cuyo tiempo es corto. Tal vez tu «cuarentena» implica esperar a que cambien tus circunstancias; esperando una llamada telefónica que trae alivio; esperando para reunirte con alguien.

Todos hemos tenido que esperar. ¡Pero ahora parece más largo y menos soportable!

La mayoría de las veces, no tenemos otra opción en el asunto. Esperar puede hacernos sentir cansados y desesperados. Nos ponemos ansiosos y tendemos a entretejer malos finales imaginados a nuestras historias. La impotencia que sentimos puede ser exacerbada por otros que no ofrecen palabras de ánimo.

La «cuarentena» de Job

La historia de Job es la de esperar la liberación de Dios del sufrimiento. Las Escrituras nos dicen que Job sufrió mucha agonía en su «cuarentena». Perdió a todos sus hijos; su ganado y su salud, su cuerpo estaba cubierto de llagas. Sus amigos ni siquiera lo reconocieron después de la calamidad que le sucedió. Como se registra en Job 2:12, «A cierta distancia alcanzaron a ver a Job, y como apenas podían reconocerlo, empezaron a gritar y llorar, y llenos de dolor se rasgaron la ropa y lanzaron polvo al aire y sobre sus cabezas». No pudieron consolar a Job y tampoco encontró consuelo en la compañía de su esposa. Su lucha fue intensa, y aunque expresó su angustia, se mantuvo resuelto en esto: continuaría esperando pacientemente hasta que las cosas mejoraran. Job dijo: «Yo esperaría todo el tiempo que durara mi servicio hasta que viniera el alivio de mis penas» (Job 14:14b).

Nuestra espera puede ser similar a la de Job o solo una fracción de su experiencia. Cualquiera sea nuestra situación, hay algo que podemos hacer para ayudarnos a manejar nuestra «cuarentena». Podemos comprometer la Palabra de Dios en cualquier lugar y en cualquier momento, por un breve momento o días o semanas de espera. Aquí hay algunas herramientas para ayudarte.

Involucrar a las Escrituras en la «cuarentena» de la vida

Ora: Para que Dios mantenga tu mente enfocada en Dios mientras esperas.

Lee la Palabra de Dios: Lee los pasajes de las Escrituras a continuación y elige uno o dos de ellos para reflexionar más, según tu circunstancia actual. Es posible que desees escribir las palabras en una tarjeta de notas o guardarlas como una nota en tu teléfono. Medita en las palabras, usando las preguntas que encontrarás debajo de los pasajes a continuación.

Romanos 8:28 —«Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, a los cuales él ha llamado de acuerdo con su propósito». 

Filipenses 4:6–7 —«No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también. Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús».

Jeremías 32:27 —«Yo soy el Señor, el Dios de todo ser viviente. Nada hay imposible para mí».

Gálatas 5:22–23a —«Lo que el Espíritu produce es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio».

Reflexiona: Para ayudarte a comprometer la Palabra de Dios, pregúntate:

  • ¿Es relevante el mensaje de este pasaje para hoy?
  • ¿Cómo se aplica este pasaje a mi situación?
  • ¿Qué me llamó la atención cuando leí los versículos?
  • ¿Estos versículos provocaron alguna pregunta? (Si es así, escríbelos y compártelos en tu próximo estudio bíblico grupal en línea o profundiza en la Palabra de Dios para encontrar respuestas durante tu estudio bíblico personal).

Responde: Comparte tus observaciones de este ejercicio con alguien que lucha por encontrar consuelo durante la cuarentena.

Durante este tiempo de incertidumbre, podemos estar seguros de que Dios está allí con nosotros. Ya sea que la espera sea corta o parezca interminable, deja que la Palabra de Dios te ayude a mantenerte enfocado en el amor de Dios por ti, brindándote la fe, la esperanza y el valor que necesitas para superarlo.

Autor: Davina McDonald, 28 de abril 2020.
Fuente: Blog de la Biblia – blog.bible

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Dos formas de animar tu lectura de la Biblia

Muchos lectores de la Biblia adquieren cierto ritmo: leen entre 5 y 10 versículos de la Biblia y hacen ciertas preguntas para profundizar en el significado. Quizá leyeron un segmento de un libro devocional. Este es un buen modelo para el estudio de la Biblia, no es necesario cambiarlo.

A menos que necesites un descanso.

Al igual que una buena sonata o canción pop, a veces necesitamos cambiar nuestros ritmos. Si encuentras un nuevo ritmo para tu estudio de la Biblia, incluso temporalmente, puedes descubrir un nuevo nivel de interacción con las Escrituras. Aquí hay dos opciones simples que quizá desees probar.

La visión macro

Lee un capítulo completo, o tal vez un libro completo. Esto puede requerir algo de tiempo extra en tu horario, por lo que podría ser una buena opción para fines de semana o vacaciones.

La ventaja de este enfoque es que obtienes toda la historia. Tienes un lente gran angular en las Escrituras y no una vista microscópica. En lugar de tratar de descubrir lo que Dios te está diciendo en este versículo o en ese, estás escuchando un argumento completo, una escena completa. Estás encontrando el mensaje de Dios en contexto.

Por ejemplo, el libro de Filipenses está lleno de versículos maravillosos. Es muy gratificante leer el aliento de Pablo de los creyentes locales (1:6), su visión de su propia muerte próxima (1:21), el ejemplo de Cristo como siervo (2:5–11); y la importancia de la oración (4:6–7). Puedes derivar muchas lecciones ricas de un enfoque versículo por versículo, pero cuando te alejas, encontrarás un nuevo nivel de apreciación por la situación de los filipenses y dónde estaba Pablo en ese momento, y cómo encajan todos esos mensajes individuales.

Cada uno de los cuatro capítulos de Filipenses es casi tan largo como esta publicación de blog. La persona promedio podría leerlo todo en unos diez minutos. ¿Así que por qué no intentarlo? Muchos de los libros cortos de la Biblia explotan con un nuevo significado cuando utilizas este enfoque de gran angular. Pruébalo con Colosenses, Santiago, 1 Juan, Habacuc o Jonás. Puede tomar una hora leer Romanos, pero te encontrarás entendiendo la teología cristiana como nunca. (O puedes leer Romanos en fragmentos de cuatro capítulos).

No es solo un cambio en el ritmo de tu horario, sino también una nueva forma de conectarte con el mensaje de Dios para ti.

La vista micro

En el extremo opuesto del espectro está el enfoque del tamaño de un bocado. Toma un versículo y deja que te llene la mente. Diagrama la oración. ¿Quién hace qué a quién, cuándo, dónde, cómo y por qué? Piensa en el significado de cada palabra. Cuando prestas tanta atención a un solo versículo, es fácil memorizarlo.

Luego, deja que el versículo rebote en tu mente a medida que pasas el día. ¿Qué te está diciendo Dios? Pídele al Espíritu que conecte el versículo a tu experiencia. ¿Puedes ver la verdad del versículo en los eventos que te suceden, los encuentros que tienes, las personas que conoces?

Visualiza el versículo. Si fueras pintor, ¿cómo lo pintarías? Quizá eres pintor; entonces podrías pintar lo que estás viendo. Usa tu don artístico completo para interactuar con las Escrituras a través de las artes visuales e interactuar con la verdad que Dios te está dando.

¿Cómo suena el versículo? ¿Puedes cantar las Escrituras? O quizá recuerdas una canción diferente, o tres. Compila una lista de reproducción (selección de música) para celebrar la verdad de ese versículo.

¿Podrías representar el versículo? ¿Quiénes serían los personajes? ¿Cuál es tu interacción? ¿Cómo afectaría la verdad del versículo a sus vidas? ¿Este versículo te lleva a una danza de alabanza o devoción?

Al acortar tu alcance, concentrarte en un solo versículo, te permites que forme parte de ti, de cien maneras creativas. Debido a su brevedad, puedes no solo memorizarlo, sino respirarlo y vivir dentro de él durante un día más o menos.

El ritmo de acercamiento y alejamiento

Hay un gran valor en un análisis profundo de los pasajes de las Escrituras. Ese ritmo ha ayudado a muchos cristianos a crecer poderosamente en su fe. Pero tal vez podrías probar algo más por un tiempo. Alejar o acercar, o ambos, y ver cómo Dios llena ese campo de visión.

Autor: Randy Petersen, 4 de febrero 2020.
Fuente: Blog de la Biblia – blog.bible

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Cinco preguntas para guiar tu lectura de la Biblia

Aunque había crecido en la iglesia y había ganado mi parte de las insignias de memoria de las Escrituras en la escuela dominical, ya era una adulta cuando me di cuenta de que en realidad no entendía gran parte de la Biblia. Sabía cómo sacar un versículo de consuelo cuando necesitaba esperanza, y sabía cómo identificar el pecado en mí y en los demás, pero realmente no había aprendido mucho sobre quién es Dios o qué podría estar tratando de comunicar al mundo a través de su Palabra.

Lo principal que me ayudó a cambiar mi perspectiva fue hacerme cinco preguntas cada vez que leía las Escrituras. Revisaba las preguntas antes de comenzar a leer la Biblia, y nuevamente después de leerla. A veces olvidaba lo que estaba buscando y volvía a mis viejos patrones, pero con el tiempo, estas preguntas comenzaron a surgir de forma natural.

Pregunta #1: ¿Qué dice o hace Dios en este pasaje?

Este tipo de pregunta será fácil de responder cuando el versículo dice algo como: «Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra» (Génesis 1:1) o «[Jesús] tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio» (Lucas 24:30) o «todos quedaron llenos del Espíritu Santo» (Hechos 2:4), pero podría ser más difícil en lugares donde la acción de Dios no se menciona expresamente.

Aquí hay dos ejemplos de pasajes en que las acciones de Dios podrían ser más difíciles de encontrar. Primero, Mateo 6:33 señala: «Por lo tanto, pongan toda su atención en el reino de los cielos y en hacer lo que es justo ante Dios, y recibirán también todas estas cosas». ¿Qué acción está tomando Dios en este versículo? Al principio, puede parecer que no está haciendo nada en absoluto. Pero, ¿quién está haciendo la parte de dar lo que «recibirán (todas estas cosas)»? ¡Dios es el que hace eso! Luego, en la segunda carta de Pablo a la iglesia en Tesalónica, dice: «Hermanos, siempre tenemos que dar gracias a Dios por ustedes, como es justo que hagamos, porque la fe de ustedes está creciendo y el amor que cada uno tiene por los otros es cada vez mayor» (2 Tesalonicenses 1:3). Las personas crecen juntas en fe y amor, Pablo le agradece a Dios, pero ¿qué está haciendo Dios? Aquí hay una pista: ¿a quién agradece Pablo por su crecimiento y su amor? ¡Está agradeciendo a Dios! Pablo reconoce a Dios como el agente activo en el crecimiento de la iglesia y su amor.

Pregunta #2: ¿Qué revela esto acerca de lo que Dios ama?

Algunas veces las Escrituras declaran directamente lo que Dios ama, como «Dios ama al que da con alegría» (2 Corintios 9:7b), pero a veces es evidente en lo que implica el pasaje. Por ejemplo, Proverbios 19:17 dice: «Un préstamo al pobre es un préstamo al Señor, y el Señor mismo pagará la deuda ». Este pasaje transmite no solo el amor de Dios por los pobres sino también por un corazón de generosidad.

Este tipo de pregunta puede parecer que requiere una capa adicional de pensamiento, pero hacemos esto en nuestras relaciones todo el tiempo. Por ejemplo, si alguien dice: «Tienes que ver esta película», entonces naturalmente supongo que les encanta esa película. No es diferente en nuestra relación con Dios y su Palabra. La mayoría de las veces, no es difícil ver lo que ama.

Pregunta #3: ¿Qué revela esto acerca de lo que Dios odia?

Hay algunas personas que piensan que Dios no odia nada. Pero cualquiera que realmente ame una cosa odiará lo que amenace esa cosa. Hay una lista completa de cosas que las Escrituras dicen abiertamente que Dios odia, y son todas las cosas que se oponen a su carácter o hieren a su pueblo.

Por ejemplo, Zacarías 8:17 dice: «No se hagan daño a otros ni juren en falso. Porque yo odio todo eso. Yo, el Señor, lo afirmo». Está claro que Dios odia cuando las personas planean hacerse daño o mentir el uno al otro. Pero también hay versículos donde su odio está implícito, como en Mateo 23:25, donde Jesús dice: «¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que limpian por fuera el vaso y el plato, pero no les importa llenarlos con el robo y avaricia». Aquí, vemos que Dios odia el robo y la avaricia.

Cuando pensamos en esas tres primeras preguntas, sobre las acciones de Dios, lo que ama y lo que odia, aprendemos mucho sobre cómo abordar nuestra próxima pregunta.

Pregunta #4: ¿Qué revela esto acerca de lo que motiva a Dios a hacer lo que hace?

Las motivaciones de Dios a veces se expresan directamente, pero a veces solo se distinguen leyendo la historia completa. A menudo es útil considerar las primeras tres preguntas para llegar a esta cuarta pregunta. Aquí hay un resumen de una historia que ocurre repetidamente en el Antiguo Testamento. Busquemos la motivación de Dios detrás de lo que hace aquí:

Dios proveyó para el pueblo de Israel. Prometieron seguirlo, pero luego se rebelaron. Les había prometido que no los iba a dejar, pero que cuando pecaran y se apartaran de él, él traería consecuencias por sus pecados para que se arrepientan. Cuando Israel confió en los ídolos para ayudarlos y desobedeció los mandamientos de Dios, lo que Dios les había dicho que sucedería sucedió: su sociedad, sus relaciones y sus vidas se rompieron, generalmente, a manos de una nación extranjera. Finalmente, se arrepentirían y volverían a Dios nuevamente, y él demostró ser fiel a su promesa de cuidarlos.

Al mirar las primeras tres preguntas, vemos:

  • Las acciones de Dios: advertir a Israel, hacerles una promesa, traer consecuencias
  • Dios ama: Israel y la obediencia.
  • Dios odia: el pecado, la idolatría, el impacto que tiene en su relación con su pueblo.

Considerando todo eso, podemos ver que la motivación de Dios para poner a Israel bajo una opresión temporal no es que se esté volviendo loco o que los odie. En cambio, es que él tiene un propósito, un plan y una meta de restauración. Está actuando por amor a Israel para ayudarlos a encontrar la libertad de su idolatría para que puedan caminar en la verdad. Él sabe que la idolatría es onerosa y sabe que una alegría más profunda proviene de volverse hacia él. ¡Solo podemos entender la historia de la relación de Dios con su pueblo cuando entendemos que el amor es su motivación!

Si Dios estuviera motivado solo por su odio por el pecado, si no fuera superado por su amor por Israel, probablemente los destruiría. Pero vemos su amor actuando como el motivador. De hecho, es un motivador tan común que podemos asumir con seguridad que siempre está entretejido con los motivos de Dios.

Pregunta # 5: En todo eso, ¿qué atributos de Dios se muestran?

¿Ves la misericordia de Dios? ¿Su gracia? ¿Su paciencia? ¿Dónde ves su soberanía o su atención al detalle? ¿Dónde ves su generosidad? Toma nota del carácter de Dios. Cuando hagas esto, comenzarás a verlo más claramente. Saber quién es Dios, quién es realmente, no solo forma nuestra relación con él, sino también toda nuestra vida.

Estas preguntas pueden ser difíciles de recordar. Anótalas en tu diario o en un marcador que usa en tu Biblia, como recordatorio. Eventualmente, buscar a Dios y su carácter en las Escrituras se convertirá en una segunda naturaleza y cambiará la forma en que ves la Palabra de Dios. Y cuando tratas de buscarlo, y luego lo encuentras, ¡creo que te darás cuenta de que él está donde está la alegría! 

Autor: Tara-Leigh Cobble, 12 de noviembre 2019.
Fuente: Blog de la Biblia – blog.bible

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La Biblia es la base de nuestro crecimiento espiritual

Nuestro mundo secularizado ha perdido toda noción de lo sagrado. Irónicamente, a pesar de su convicción de que el universo es un sistema natural cerrado, nuestra cultura postula figuras que reemplazan a los demonios y ángeles. Una encuesta reciente reveló que el 14% de los estadounidenses creen que puede suceder un accidente biológico que produzca un apocalipsis de zombis. Casi un 50% cree que existen los alienígenas.

Admito tener serias dudas sobre la existencia de extraterrestres. Por lo menos dudo que sean como en las películas. La Biblia habla de seres superdotados que van y vienen de nuestro planeta (Lc. 2:9), pero no son precisamente hombrecitos verdes. De todas formas, vale preguntar, si de verdad existen los alienígenas, verdes o del color que sean, ¿cómo podemos descubrirlos? Si ellos no hacen algo por darse a conocer, la posibilidad de descubrirlos es casi inexistente.

¿Cómo serían ellos? ¿Buenos y amigables como el E.T. de Steven Spielberg? ¿O sabios y extraños como en la película Arrival que protagonizó Amy Adams? ¿O monstruos aterradores como en las películas Alien? Si no se les ocurre bajarse de su nave en una plaza de alguna de nuestras ciudades —o por lo menos mandarnos algún mensaje que puedan captar las antenas de la NASA— no hay posibilidad de saber de ellos. Podemos especular mucho, pero nuestro conocimiento concreto no avanza.

¿Y si Dios existe? La distancia es más grande aún. El Dios del cristianismo existe mas allá de los limites del tiempo y el espacio, mas allá del alcance de nuestros instrumentos científicos. Podemos especular en cuanto a su existencia y sus cualidades, pero para conocerlo hace falta que Él se revele. Por esto podemos decir que no hay declaración de más trascendencia histórica que esta: “Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas, en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo” (He. 1:1-2).

Dios nos habla. Hay muy pocas oraciones que podemos escribir que tengan el mismo peso trascendental. Esta oración solo se compara con oraciones como: “En el principio Dios creó el universo”, o “Oye Israel, nuestro Dios uno es”, o “El verbo se hizo carne”.

Para entender mejor las disciplinas espirituales, hay cinco cosas que debemos saber sobre la Palabra de Dios. Estas cinco cosas nos ayudarán a entender que toda disciplina espiritual debe tener una base sólida, la cual no se encuentra en nosotros mismos, sino en las Escrituras.

1. La Palabra invaluable es nuestro punto de partida

Debido a lo que ya hemos mencionado, las disciplinas espirituales comienzan con la Palabra de Dios. Ellas existen porque Dios nos ha hablado en cuanto a su propia naturaleza y la nuestra, y nos ha hecho entender su gracia y sus propósitos para nosotros.

Para crecer en santidad por medio del uso disciplinado de los medios de gracia, es imprescindible entender la centralidad de la Palabra en este proceso y el rol del Espíritu Santo.

Para crecer en santidad por medio del uso disciplinado de los medios de gracia, es imprescindible entender la centralidad de la Palabra en este proceso y el rol del Espíritu Santo. Además, debemos entender, aunque sea en parte, la maravilla de poseer las Escrituras. Tomar una Biblia en nuestras manos no es técnicamente un milagro. Sin embargo, como evidencia de la providencia de Dios, es tan maravillosa que debe producir en nosotros el mismo asombro que tendríamos al ver agua convertida en vino.

Hace algunos años pude asistir a una exposición de los rollos del Mar Muerto. Eran más pequeños de lo que había imaginado. Lo que más me conmovió de ellos fue el marcado contraste entre su evidente fragilidad y su gran antigüedad. Bajo una gruesa lámina de vidrio antibala, daban la sensación de que se harían polvo con apenas un suspiro de aliento. Más de dos milenios luego de ser copiados, su mera existencia da evidencia de la providencia divina en la conservación de la Palabra.

¿Que generó en el pueblo judío esa dedicación a copiar y preservar los textos del Antiguo Testamento a través de milenios? Quizá los mismos textos nos pueden sugerir claves. ¿No habrá sido la memoria nacional del temor experimentado por sus antepasados cuando, al pie del monte Sinaí, escucharon los truenos, vieron los relámpagos y la densa nube sobre el monte, y oyeron un fuerte sonido de trompeta? (Éx. 19:16) ¿No habrá sido el recuerdo de la cara brillante de Moisés cuando bajó del monte? ¿No habrá sido la declaración, “habló Dios todas estas palabras, diciendo: Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre”? (Éx. 20:1-2).

Los judíos aceptaron que debían recibir las palabras divinas y ponerlas por práctica. También aceptaron la responsabilidad familiar de enseñarlas a sus hijos. La Palabra se debía transmitir al estar en casa y al andar por el camino, al levantarse y al acostarse (Dt. 6:6). Como pueblo, los judíos aprendieron dos cosas que nosotros también debemos aprender. Primero, la maravilla de poseer la Biblia. Segundo, que no solo de pan vive el hombre. También necesita la Palabra de Dios (Dt. 8:3). No nos debe sorprender, por lo tanto, el cuidado minucioso de los escribas que generación tras generación copiaron la Palabra de Dios. Ella es el punto de partida para conocer a Dios y crecer en santidad.

2. La Palabra fue escrita para ser leída y oída

La Palabra divina, antes que nada, es una palabra verbalizada, pronunciada. Pero también es una palabra escrita. Encontramos que Moisés mandó que la Palabra fuera leída en público:

“Cuando todo Israel venga a presentarse delante del Señor tu Dios en el lugar que Él escoja, leerás esta ley delante de todo Israel, a oídos de ellos. Congrega al pueblo, hombres, mujeres y niños, y al forastero que está en tu ciudad, para que escuchen, aprendan a temer al Señor tu Dios, y cuiden de observar todas las palabras de esta ley. Y sus hijos, que no la conocen, la oirán y aprenderán a temer al Señor vuestro Dios, mientras viváis en la tierra adonde vosotros vais, cruzando al otro lado del Jordán para poseerla”, Deuteronomio, 31:11-13.

Obviamente, esta lectura oral dependía de la palabra escrita.

Para nosotros, las disciplinas espirituales también presentan esta ida y venida oscilante entre la Palabra escrita y la leída en voz alta. En nuestros días de fácil acceso a libros impresos y textos electrónicos, más que nada absorbemos la Palabra por un circuito cognitivo que pasa por los ojos a la mente. Pero la Biblia fue compuesta en el contexto de una cultura oral, y el circuito que muchas veces se contempla en las Escrituras es el que incluye los oídos, el corazón, y la boca. Jesús dijo: “El que tiene oídos, que oiga” (Mt. 11:15). Pablo escribió: “Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón” (Ro. 10:8).

El pentateuco fue escrito para ser leído en voz alta ante la congregación. Dios, por medio de Moisés, encontró en la escritura un medio para asegurar la transmisión fiel de una generación a otra. La confesión de Westminster explica:

“Le agradó a Dios en varios tiempos y de diversas maneras revelarse a sí mismo y declarar su voluntad a su Iglesia; y además, para conservar y propagar mejor la verdad y para el mayor consuelo y establecimiento de la Iglesia contra al corrupción de la carne, malicia de Satanás y del mundo, le agradó dejar esa revelación por escrito”.

¿Será una coincidencia que el primer abecedario del mundo no fue la invención de los egipcios o de los sumerios, los imperios dominantes de la antigüedad? Estas culturas dependían de los sistemas aparatosos de los jeroglíficos y la escritura cuneiforme. En realidad, el primer alfabeto surge entre los semitas. Solamente un abecedario permitiría el desarrollo de la literatura como tal. El alfabeto es el medio providencial de transmisión que permitió la preservación de la Palabra a través de los milenios. Aun cuando una generación se olvidaba de ella, ahí yacía hasta que un escriba —o un arqueólogo— con manos temblorosas desempolvaba un rollo olvidado por los hombres, pero conservado por el Espíritu de Dios.

El invento de la escritura alfabética no solo permitió la preservación de la Palabra revelada, sino también la distribución necesaria para su incorporación a la vida comunitaria de Israel. La iglesia primitiva, siguiendo el ejemplo de la sinagoga, daba un lugar de honor a la simple lectura de la Palabra. En Judea y Galilea, las sinagogas poseían copias de los rollos de las Escrituras. Recordamos que Jesús, para inaugurar su ministerio, leyó una profecía del antiguo rollo de Isaías (Lc. 4:17-20).

Las iglesias cristianas agregaron a sus bibliotecas copias de los escritos de los apóstoles. Dando instrucciones al joven pastor Timoteo, Pablo dice: “Entretanto que llego, ocúpate en la lectura de las Escrituras, la exhortación y la enseñanza” (1 Ti. 4:13). Aquí, Pablo tiene en mente la lectura pública de las Escrituras. Notemos cómo él recomienda esta lectura en un contexto que incluye la lucha por la santificación:

“Al señalar estas cosas a los hermanos serás un buen ministro de Cristo Jesús, nutrido con las palabras de la fe y de la buena doctrina que has seguido. Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad”, 1 Timoteo 4:6-7.

El apóstol Pablo describe una vida caracterizada por la búsqueda de la santidad por medio de las disciplinas espirituales centradas en la Palabra.

3. La Palabra fue recuperada en la historia de la iglesia

Lamentablemente, la Palabra no siempre ha ocupado su lugar merecido en la larga historia de la iglesia. A través de los años, la espiritualidad cristiana fue distorsionada por prácticas como el culto a María y la mediación de los santos. Sin embargo, la Palabra nunca perdió su capacidad de transformar al individuo y a la iglesia misma.

En la conversión de Agustín de Hipona encontramos un ejemplo clásico de ese poder transformador. Por la influencia de la Palabra, el gran teólogo africano fue convertido de una vida de libertinaje y andanzas filosóficas. Primero, sus conceptos de la fe cristiana empezaron a ser modificados bajo la influencia de la predicación de Ambrosio. Luego, su conversión en sí se produjo un día cuando, sentado en al jardín de su casa, escuchó la voz de una niña que decía tolle lege, tolle lege: toma, lee. Impulsado por estas palabras, levantó una copia de las Escrituras y leyó Romanos 13:13-14: “Andemos decentemente, como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias; antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne”. Agustín relató que esto fue como una luz que instantáneamente despejó toda sombra de duda.

A través de los siglos en la vida de la iglesia, la influencia de la Palabra de Dios muchas veces menguó. Sin embargo, Dios en su providencia nunca dejó que la llama se apagara del todo. El copiado de los textos bíblicos se llevó a cabo con la misma disciplina de los antiguos judíos, aun en lugares remotos azotados por los vikingos, como Lindisfarne, un monasterio fundado por monjes irlandeses. En la época medieval se practicaba la lectio divina, una disciplina espiritual de los monjes benedictinos. Consistía de 4 pasos: lectio, meditatio, oratio, y contemplatio. Se buscaba a Cristo en cada pasaje, pero los resultados muchas veces eran problemáticos, ya que la interpretación no obedecía a ningún principio hermenéutico, sino a las impresiones subjetivas del monje.

Un aspecto clave de la espiritualidad protestante es recuperar la vida de la congregación de la iglesia bajo la autoridad de la Palabra de Dios.

La Reforma protestante llegó a la iglesia como los avivamientos habían llegado en el Antiguo Testamento a Israel bajo el rey Josías o el escriba Esdras. El principio de sola Scriptura actuó como un ácido disolviendo las tradiciones y falsas enseñanzas acumuladas a través de los siglos. El altar de la misa perdió su posición central en el santuario al ser reemplazado por el púlpito. Todo se reordenó y se sujetó a la Palabra. La Biblia, leída y predicada, volvió a ocupar el lugar central en la vida de la iglesia. Como ejemplos puntuales podemos notar el proceso de reforma en Zúrich, el cual empezó cuando el sacerdote católico Ulrico Zuinglio se dedicó a la predicación expositiva del libro de Mateo, o la teología magistral de Calvino, que se forjó en medio de un ministerio activo de enseñanza casi diaria de la Palabra.

4. La Palabra es central en la espiritualidad protestante y bíblica

De esa manera, un aspecto clave de la espiritualidad protestante es recuperar la vida de la congregación de la iglesia bajo la autoridad de la Palabra de Dios.

Una muestra de eso es la forma en que el proceso de reforma se agudizó en el siglo XVI entre los puritanos. Ellos promulgaban una “religión experimental”. O sea, enseñaban que la fe no era simplemente un compendio de dogmas, sino que era algo que se debía vivir y sentir. La Escritura era suficiente para conocer a Dios y sus verdades eran transformadores porque, así como fue inspirada por el Espíritu Santo, también era aplicada por Él a la mente y el corazón de una forma que producía cambios reales. Por lo tanto, William Perkins (1558-1602) podía escribir que la “teología es la ciencia de vivir de forma bendita para siempre”. De forma similar, William Ames (1576-1633) definió la teología como “la doctrina de vivir hacia Dios”.

En términos similares, los autores del Catecismo menor de Westminster formularon la pregunta: “¿Qué es lo que enseñan principalmente las Escrituras?”. Respondieron: “Lo que principalmente enseñan las Escrituras es lo que el hombre ha de creer respecto a Dios y los deberes que Dios impone al hombre”. La Palabra imparte conocimiento de Dios y, bien entendida, cambia vidas.

Michael Haykin mantiene que los puritanos desarrollaron una distintiva espiritualidad congregacional orientada en dos principales ejes:

Primero, su enfoque en la centralidad y suficiencia de las Escrituras les llevó a elevar la predicación como principal medio de gracia. Esto produjo una espiritualidad única del uso del espacio que se hizo evidente en sus lugares de reunión.

El catolicismo había puesto el enfoque en el altar y la celebración de la misa. El culto romano contenía un elemento dramático que apelaba a la vista. Arquitectónicamente, esto se expresaba en los exagerados interiores barrocos y rococós de sus iglesias y catedrales repletas de imágenes de los santos. En contraste, los protestantes, y en particular los puritanos, prefirieron una decoración minimalista o inexistente, ya que el enfoque del culto era la Palabra predicada y oída. El púlpito reemplazó al altar como centro de enfoque, y este se elevaba para simbolizar la supremacía de la Palabra sobre la vida de la congregación.

Segundo, así como los puritanos desarrollaron una nueva espiritualidad del espacio bajo la influencia de la predicación, también expresaron una nueva espiritualidad del tiempo. Esto se hizo evidente en su aplicación del cuarto mandamiento. Dieron importancia al sábado, ya que el tiempo santificado era necesario para oír la predicación, y para practicar la oración, la meditación, y las buenas obras. Apartar un día de la semana representaba su reconocimiento de que Dios es Señor no solo del espacio sino también del tiempo. Además, entendieron que la consagración del sábado dominical era imperativo para dedicar el tiempo necesario a la cultivación de las disciplinas.

5. La Palabra y el Espíritu obran en nuestra santificación

En su interpretación de las Escrituras, los puritanos aplicaban métodos gramaticales, históricos, y lógicos, pero entendían que la Palabra tenía vida propia; que penetraba y transformaba vidas. Esto se debía a su inspiración por el Espíritu Santo, y a la aplicación por parte del mismo Espíritu al entendimiento y al corazón del ser humano.

Juan Calvino le daba tanta importancia al Espíritu Santo que, según B.B. Warfield, él debe ser conocido como el “teólogo del Espíritu Santo”. En su debate con el Cardenal Sadoleto, Calvino lo acusó de injuriar al Espíritu Santo porque lo separaba de la Palabra. Para Calvino, Sadoleto caía en el error de dar preferencia a la autoridad de la iglesia antes que  a la del Espíritu Santo:

“Si hubieses sabido, o no lo hubieses querido disimular, que el Espíritu ilumina a la Iglesia para abrir la inteligencia de la Palabra y que la Palabra es como el crisol donde se prueba el oro para discernir por medio de ella todas las doctrinas, ¿te hubieras enfrentado con tan compleja y angustiosa dificultad? Aprende, pues, por tu propia falta, que es tan insoportable vanagloriarse del Espíritu sin la Palabra, como desagradable el preferir la Palabra sin el Espíritu”.

Los puritanos compartían este énfasis en la relación entre el Espíritu y la Palabra. J. I. Packer señala la importancia de la enseñanza de John Owen sobre este tema. Entre otros efectos, el Espíritu establece nuestra fe en y por medio de la Escrituras.

Las disciplinas espirituales, partiendo de la Palabra de Dios, nos ayudan a entender más de Él y producen cambios reales en nosotros.

El Espíritu hace esto de tres formas. Primero, según Owen, el Espíritu le da a las Escrituras la “cualidad permanente de luz”. Segundo, el Espíritu le da a las Escrituras el poder de “producir efectos espirituales”. O sea, la Palabra tiene poder transformador, y el Espíritu la aplica de forma eficaz a nuestras vidas. ¡Que importante entender esto para aquellos que luchamos por ver cambios reales en nosotros! Tercero, “el Espíritu hace que la Palabra invada la conciencia como una palabra dirigida a cada individuo por Dios mismo, evocando el asombro y la sensación de estar bajo la presencia de Dios y la observación de su ojo”.

Conclusión

Como hemos visto, las disciplinas espirituales, partiendo de la Palabra de Dios, nos ayudan a entender más de Él y producen cambios reales en nosotros. Aunque requieren esfuerzo de nuestra parte, en última instancia los resultados no son productos de nuestra autodisciplina en sí. Las diversas disciplinas son fuentes de la gracia que Dios nos canaliza por medio de su Palabra.

Esta Palabra formó el universo (Sal. 33:6) y nos hace nacer de nuevo (1 P. 1:23). Ella hace su obra en nosotros (1 Ts. 2:13), nos limpia (Jn. 15:3), y nos santifica (Jn. 17:17). Por esta razón, Pablo escribió a los colosenses:

“Que la palabra de Cristo habite en abundancia en ustedes, con toda sabiduría enseñándose y amonestándose unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en sus corazones”, Colosenses 3:16.

Pablo describe un estilo de vida marcado por el uso disciplinado de los medios de gracia. Es una vida de increíble gozo. Esto es posible porque Dios existe y nos ha hablado por los profetas, por su Hijo, y nos sigue hablando por las Escrituras y su Espíritu. En última instancia, todas las disciplinas espirituales provienen de la Palabra. Sin ella, no hay verdadera espiritualidad.

Autor: Sam Masters, 21 de noviembre 2018.
Fuente: www.coalicionporelevangelio.org


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