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Pase lo que pase

Artículo por David Mathis*

Encontrando paciencia y gozo en medio de una calamidad lenta

Una calamidad de movimiento lento rodó por el mundo antiguo, hace más de 2.500 años, arrastrándose, a un ritmo inquietante, a través de una nación tras otra.

A diferencia de Pearl Harbor, o de un ataque terrorista, o de un tsunami a lo largo de la Cuenca del Pacífico, esta plaga tomó a muy pocos por sorpresa. Cada rey, cada nación, cada ciudadano la vio venir. Escucharon los informes. Vivían bajo el espectro. La ciudad más grande del mundo en ese momento, Nínive, no cayó de la noche a la mañana, sino durante semanas y semanas dolorosas, incluso meses. Después vino Jerusalén. Olas de destrucción llegaron a la ciudad santa, primero en 605 a. C., luego ocho años después en 597, dejándola finalmente diezmada once años después en 586.

¿Qué amenaza paralizó las grandes ciudades del mundo no solo durante horas y días, sino durante semanas y meses, incluso años? El creciente poder de Babilonia y la lenta marcha de su ejército de una capital a otra, estableciendo asedios que duraban meses y derrocando a las principales ciudades del mundo a medida que se agotaban sus líneas de suministro y la gente comenzaba a morir de hambre.

Y aún más, la calamidad que se avecinaba no debería haber sido una sorpresa para el pueblo del primer pacto de Dios. Incluso a mediados del siglo VII antes de Cristo, mientras Asiria era el poder mundial reinante, y Babilonia estaba lentamente en ascenso, los profetas de Dios, como Isaías, hablaron del desastre que se avecinaba décadas antes. Al igual que un profeta mucho menos prominente llamado Habacuc, que puede tener una palabra especialmente llamativa para nosotros en medio de esta angustia actual de movimiento lento.

Dios no mira ociosamente

En su breve libro de tres capítulos, a diferencia de cualquier otro profeta hebreo, Habacuc nunca se da vuelta y habla directamente a la gente. Él informa su diálogo con Dios y la sorprendente obra de Dios en él, dejando una aplicación personal al lector. El bosquejo del libro es bastante simple en cuanto a las profecías hebreas.

Primero, Habacuc comienza con sus frustraciones aparentemente justas, tal vez un poco exageradas. Él pregunta: “¿Hasta cuándo, oh Jehová?” frente a la maldad desenfrenada que ve a su alrededor, entre el propio pueblo de Dios, en una era de decadencia espiritual (Habacuc 1:2–4). Dios responde con una revelación que el profeta no anticipó en absoluto (1:5–11). Esencialmente responde: Sí, pequeño profeta, mi pueblo se ha vuelto malvado, y no lo estoy mirando sin hacer nada. De hecho, estoy levantando a los babilonios para destruirlos.

Habacuc tambalea. Él antes pensaba que tenía problemas de justicia, pero ahora mucho más. Él responde con una segunda queja (1:12–2: 1). ¿Cómo puede Dios “ver a los menospreciadores” y callar (Habacuc 1:13), estos babilonios que son aún más malvados que el reincidente pueblo de Dios? El profeta se vuelve más desafiante: “Sobre mi guarda estaré… y velaré para ver lo que se me dirá [Dios] y qué he de responder tocante a mi queja” (Habacuc 2: 1). Presume que la respuesta de Dios a su segunda queja no será satisfactoria, así que estará listo para responder.

Pero la segunda respuesta de Dios (2: 2–20) lo silencia. El profeta nunca registra una tercera queja. Dios no dejará a Babilonia impune. Su completa justicia, sus cinco ayes, se cumplirá en su momento perfecto. La mano de la justicia caerá, destruyendo a los orgullosos y rescatando a los justos que viven por fe (Habacuc 2: 4).

¿Cómo vivimos por fe?

El núcleo del mensaje del libro, desde la voz de Dios hasta los corazones de su pueblo, es vivir por fe en días sin precedentes, pase lo que pase. Dios no le promete al ansioso profeta que pronto él mejorará las cosas. De hecho, promete empeorar las cosas antes de que mejoren. La devastación absoluta vendrá primero, luego la liberación. Primero la ruina total, luego el rescate final.

Para el profeta desorientado y aterrorizado, Dios expone la locura del orgullo humano y hace un nuevo llamado a la humildad y a la fe, para recibir pacientemente la misteriosa “obra” de juicio de Dios (Habacuc 1:5; 3: 2). A confiar en lo divino en los momentos más difíciles, en días de inminentes problemas. Aquí tenemos el siempre vigente llamado de Dios a su pueblo en tiempos misteriosos, el de Habacuc y el nuestro: vivir por fe (Habacuc 2:4).

Pero ¿qué significa eso? “Vivir por fe” puede sonar tan vago y general. ¿Qué podría significar para nosotros aquí en el terreno, bajo la amenaza actual (y la venidera)?

¿Esperaremos en silencio?

Después de haber sido silenciado, Habacuc vuelve a hablar en el capítulo 3, pero ahora en oración, no quejándose. Él ha escuchado y prestado atención a la voz divina y ahora celebra el poder imparable de Dios y su justicia inflexible. La oración del profeta concluye con dos declaraciones de “sin embargo, lo haré”, o “con todo” (RVR60) o “aun así” (DHH). Primero, dice que ejercerá paciencia. Los orgullosos e incrédulos entrarán en todo tipo de pánico, pero Habacuc esperará en silencio:

Aun así, esperaré tranquilo el día en que Dios ponga en angustia al ejército de nuestros opresores. (Habacuc 3:16 DHH).

Su fe en la justicia perfecta de Dios ha sido renovada. Él ajustará el reloj de su alma al horario de Dios, y no presumirá lo contrario. Dios no está de brazos cruzados, de esto podemos estar seguros. Él está mirando. Él está atento. Él ve cada movimiento, cada detalle. Al final, el mundo verá que Él ha hecho lo correcto, nunca tratando a ninguna criatura con injusticia.

Y siendo tan propensos como somos, en nuestra finitud, pecado y ansiedad, a querer imponerle a Dios nuestro propio calendario de resolución, Él nos llama a la paciencia silenciosa, aún frente al desarrollo tan dolorosamente lento de una angustia como la actual.

¿Nos alegraremos?

El segundo y último “Sin embargo, lo haré…” viene en el versículo 18: “Con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación”. Y el profeta lo dice precisamente con los peores escenarios sobre la mesa:

Aunque la higuera no florezca,
Ni en las vides haya frutos,
Aunque falte el producto del olivo,
Y los labrados no den mantenimiento,
Y las ovejas sean quitadas de la majada,
Y no haya vacas en los corrales;
Con todo, yo me alegraré en Jehová,
Y me gozaré en el Dios de mi salvación. (Habacuc 3:17-18)

En otras palabras, aunque las líneas de suministro fallen, y los estantes estén vacíos, y la economía sea vapuleada y el virus llegue a nuestra propia ciudad, calle e incluso a nuestra casa, con todo, este renovado y humilde profeta se regocijará en el Señor. ¿Lo haremos? No en nuestros suministros. No en nuestra salud. No en nuestra propia seguridad. Ni siquiera en la derrota del enemigo. Hay una constante e inexpugnable garantía, una seguridad absoluta, un refugio para el gozo verdadero en más desafiante de los caminos: Dios mismo. Se extiende hacia nosotros para sostenernos, mientras elimina nuestros otros gozos. ¿Nos apoyaremos nuevamente en Él?

Aquellos hinchados de orgullo ciertamente serán destruidos a tiempo, ya sea tarde o temprano. Pero aquellos que aceptan la mano humilladora de Dios y se inclinan con fe, con paciencia tranquila y con un gozo independiente de las circunstancias, encontrarán que Dios mismo es “mi fortaleza” en esos días (Habacuc 3:19). Así también para nosotros, vivir por fe en esos tiempos se expresa mediante la paciencia y el gozo. ¿Pero, nuevamente, cómo podría expresarse esa paciencia y ese gozo?

¿Nos levantaremos en canción?

Entre las muchas maneras en que Dios puede inspirar a su iglesia en los próximos días, al menos tenemos una pista de Habacuc a lo que suena tal paciencia y gozo: cantar. Esa es la forma sorprendente e inusual en que termina esta breve interacción entre el profeta y Dios, con el profeta cantando alabanzas. Por eso termina con instrucciones para el culto corporativo: “Al jefe de los cantores, sobre mis instrumentos de cuerdas”. Estas líneas finales no son solo una oración. Son una canción para que otros se unan.

No hay nada igual a esto en todos los profetas. Habacuc comienza con tanta lucha y (lo que parece) desafío como el que encontramos en cualquier otro lugar. Y, sin embargo, Dios gentilmente mueve su alma de la protesta a la alabanza. Lo cual debería ser un estímulo para aquellos que son lo suficientemente honestos como para admitir que han encontrado en esta pandemia un tropiezo para los pies de su fe.

Como hemos visto, Habacuc no se acercó a las noticias con aceptación. Aun así, Dios lo encontró allí, en su orgullo, desafío y temor. El pequeño profeta tontamente se puso de pie, y Dios misericordiosamente lo puso de rodillas. Dios lo humilló, y el profeta lo recibió, humillándose a sí mismo. Recibió los propósitos desorientadores, inconvenientes y dolorosos de Dios en el juicio venidero, y abandonó su protesta, se inclinó en oración y se levantó en alabanza.

¿Haremos lo mismo en la confusión y desorientación persistentes de esta lenta incertidumbre en la que vivimos? ¿Conducirán nuestras protestas, aún las justamente concebidas, a rodillas dobladas? ¿Y nos llevarán nuestras oraciones a cantar?

 

*David Mathis (@davidcmathis) es el editor ejecutivo para desiringGod.org y pastor en Cities Church en Minneapolis/St. Paul, Estados Unidos. Él es un esposo, padre de cuatro, y autor de Hábitos de Gracia: Disfrutando a Jesús a través de las disciplinas espirituales.

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Recursos para la evangelización de los niños y adolescentes

En 2020 hemos iniciamos un nuevo proyecto para acompañar la evangelización de niños y adolescentes mediante una alianza con el ministerio internacional OneHope.

OneHope busca compartir las Escrituras con niños y jóvenes de todo el mundo, por eso provee excelentes recursos para utilizar en esta misión. Algunos de sus programas —que han bendecido en muchas oportunidades a las iglesias en Argentina— son: una variedad de materiales impresos como El Libro de Vida, los videos del Proyecto LUMO (texto bíblico dramatizado con excelente calidad) y los increíbles videos de El Super Libro, entre otros.

Mediante este proyecto esperamos alcanzar 684 mil niños y adolescentes argentinos con la Palabra de Dios durante este año.

Para solicitar los recursos gratuitos y ser parte de esta iniciativa con tu iglesia o ministerio, completa el siguiente formulario:

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Apoyo a iglesias y ministerios para llevar la Palabra durante la pandemia

Como Sociedad Bíblica Argentina queremos servir a las iglesias y ministerios que están trabajando con médicos, enfermeros, policías y otras fuerzas que están colaborando de manera activa en la lucha contra el Coronavirus. La Palabra de Dios trae esperanza, paz y fortaleza en medio de tiempos tan difíciles, por eso deseamos acompañar la tarea que estas iglesias y ministerios realizan con la entrega de ejemplares del Nuevo Testamento en forma gratuita.

Importante: solo podrán recibir estos Nuevos Testamentos las iglesias y ministerios que estén debidamente habilitados por las autoridades pertinentes para realizar estas acciones.

Si pertenecés a una iglesia o ministerio que cumple con estas condiciones, te invitamos a completar el formulario para solicitar la entrega de ejemplares del Nuevo Testamento.

Si querés ser parte de quienes donan 
para la entrega de estos Nuevos Testamentos, podes ingresar en este link: bit.ly/RegaláEsperanza y hace una donación desde $ 50.

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La esperanza de la Biblia para tu ansiedad

Por Liz Wann*

La ansiedad es parte de mi realidad. De hecho, casi todos los días la vivimos en casa. Aunque normalmente no soy una persona ansiosa, he tenido mi propia temporada oscura de ansiedad. Y mi esposo ha tenido problemas, a veces a diario, incluso hasta el punto en que ha afectado nuestro hogar y nuestro matrimonio. Al igual que su padre, mi hijo primogénito lucha con ansiedad. Comencé a notar un comportamiento extraño de él incluso cuando era un niño pequeño y preescolar. La ansiedad de mi hijo me afectó. Me limitó. En ese momento, no me di cuenta de que no todas las madres tienen que trabajar con este tipo de comportamientos con sus hijos. Aunque he visto un tremendo crecimiento en él durante los últimos ocho meses, la ansiedad aún puede acechar en los bordes de su vida.

Hay muchas formas para manejar la ansiedad. Diferentes métodos funcionan para diferentes personas. Algunos necesitan medicamentos, otros encuentran útil el asesoramiento o la terapia y hay quienes obtienen ayuda a través de otros tipos de técnicas de manejo. Si bien todas estas opciones son útiles y necesarias para algunas personas, hay una base espiritual que debe estar en su lugar (incluso mientras se busca ayuda profesional). El corazón y la mente ansiosos deben estar anclados en la roca que es la Palabra de Dios. No importa cuáles sean nuestras circunstancias, la Biblia nos ofrece esperanza en nuestra ansiedad.

¿Dónde estás buscando?

Recientemente, mientras leía a mis hijos un libro de historias de la Biblia, me impactó de nuevo el relato de Jesús caminando sobre el agua (Mateo 14:22–32). Leí en voz alta sobre Pedro comenzando a hundirse en el agua y Jesús tomando su mano y levantándolo. Me recordó que Jesús no dejará que mi hijo se hunda. Jesús puede cuidar a mi hijo en medio de sus sentimientos de ansiedad. Estará con él y lo levantará para ayudarlo. Como le expliqué a mi hijo, Jesús nunca niega el hecho de que la tormenta es aterradora y peligrosa, así como no necesitamos negar la realidad de vivir en un mundo roto y aterrador. El miedo de Pedro a la tormenta es comprensible, pero sus ojos nunca deberían haber descansado en la tormenta. Aunque Jesús estaba justo frente a él, Pedro apartó sus ojos de Jesús y los clavó en la tormenta. Jesús llama a la fe de Pedro «poca» (versículo 31), porque Pedro creía que el peligro de la tormenta era más fuerte que el poder de Jesús.

Como Pedro, es muy importante dónde ponemos nuestro enfoque. Es fácil para nosotros fijarnos en lo que está mal a nuestro alrededor. Podemos preocuparnos demasiado por la seguridad. No necesitamos negar que las cosas salgan mal o que nuestra seguridad sea importante. Pero cuando la comodidad, la seguridad, incluso nuestro bienestar, nos cuesta tranquilidad, es una buena señal de que hemos perdido el foco en la presencia de Jesús con nosotros. Las Escrituras nos enseñan a elegir descansar en las promesas de Dios y pedirle al Espíritu Santo que nos ayude en nuestra debilidad. Cuando lo hacemos, estamos fijando nuestros ojos en Jesús, no importa cuán terrible sea la tormenta.

Las palabras de Jesús para tu ansiedad

Una forma en que podemos fijar nuestros ojos en Jesús es recordar lo que dice en las Escrituras y aplicarlo a la vida cotidiana. Este podría ser como el momento en que leía un libro sobre osos a mis dos hijos. Cuando llegamos a la sección sobre osos polares, aprendimos que tienen piel negra debajo de su pelaje blanco. La piel negra está destinada a dar a los osos un calor óptimo en su ambiente helado al atraer los rayos del sol. Su pelaje blanco se entiende como camuflaje en el ártico nevado. Mientras leía esto a mis hijos, les señalé que Dios era el diseñador detrás de eso. Les dije que Dios cuidaba a los osos polares y les proporciona exactamente lo que necesitan para sus vidas. Si lo hace por los osos polares, también lo hace por ellos, que son más importante para Dios que los osos polares. Mi inspiración para esta aplicación vino del mismo Jesús. En Mateo 6:25–34, Jesús aborda la ansiedad. Nos presenta al gorrión, para el que proporciona comida, y habla de los lirios del campo, en el que se viste. Él nos dice que si tiene cuidado de ellos, ¿cuánto más proveerá nuestro Padre celestial para todas nuestras necesidades? Entonces Jesús concluye esta sección con esto: «No se preocupen por el día de mañana, porque mañana habrá tiempo para preocuparse. Cada día tiene bastante con sus propios problemas» (versículo 34).

No es suficiente fijar nuestros ojos en Jesús simplemente recordando lo que ha dicho. Debemos tomar a Jesús en su Palabra, también. En el pasaje anterior, Jesús nos dice que tomemos un día a la vez. Pedimos nuestro pan diario, no un suministro de por vida. Este nivel de confianza puede parecer inalcanzable. Pero el secreto de la dependencia diaria de Jesús es exactamente eso: depender de él. Podemos disfrutar la libertad gradual de la ansiedad debido a la naturaleza de la persona que lo promete. ¡Dios no nos ha dado la gracia para mañana o el año que viene, porque aún no ha sucedido! Pero ha prometido darnos gracia por hoy, si le pedimos. Él nos proporcionará lo que realmente necesitamos cuando lo necesitemos. Y a medida que aprendemos el carácter de Dios, sabemos que podemos confiar en él para que haga exactamente lo que ha prometido (y más). Al igual que lo hizo con Pedro, el oso polar, el gorrión y los lirios. Todo lo que tenemos que hacer es recordar lo que Jesús nos ha dicho y luego pedirle al Espíritu Santo que nos permita creer y confiar en él.

Un Salvador que entiende la ansiedad

Jesús es nuestro propio modelo y consolador cuando atravesamos la ansiedad. Él tuvo su propio momento de ansiedad cuando sudaba sangre y lágrimas en el huerto de Getsemaní. Podemos consolarnos en la Escritura, en medio de la ansiedad, cuando vemos que nuestro propio Salvador puede simpatizar con nuestras debilidades. Tenía que haber estado ansioso y agitado la noche anterior a su muerte, sabiendo lo que le esperaba. Pero, ¿qué vemos que hizo Jesús en su momento de mayor ansiedad? Oró.

Más adelante, el apóstol de Jesús, Pablo, escribió a un grupo de cristianos: «No se aflijan por nada, sino preséntenselo todo a Dios en oración; pídanle, y denle gracias también. Así Dios les dará su paz, que es más grande de lo que el hombre puede entender; y esta paz cuidará sus corazones y sus pensamientos por medio de Cristo Jesús» (Filipenses 4:6–7).

Siendo completamente humano, Jesús tuvo que haber sentido miedo. Pero hizo lo que David dijo de sí mismo en Salmos 56:4: «Cuando tengo miedo, confío en [Dios]».

En medio del miedo y la ansiedad, Jesús avanzó con fe a través de sus fervientes oraciones y su voluntad de rendirse al Padre. Y siguió adelante, por nosotros, a pesar de sus sentimientos. Este es el Dios-hombre que levantó a Pedro de las olas. Y con su muerte nos eleva de la muerte a la vida. Luchó contra la ansiedad, para poder sentir nuestro dolor y ayudarnos. Solo tenemos que tomar su mano. Podemos elegir fijar nuestros ojos en él al recordar lo que nos dijo en las Escrituras y pedirle al Espíritu Santo que nos ayude en nuestra debilidad. Esa es toda la fe que necesitamos.

*Originalmente publicado en inglés en el Engager’s Bible de American Bible Society.

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La Biblia y la salud: un cuidado integral

Por Alejandra Lovecchio de Montamat

Cuando la OMS definió a la salud humana como el completo bienestar físico, psíquico y social, los cristianos ya conocíamos por la Biblia que salud no es meramente la ausencia de alguna enfermedad y que la vida interior de cada ser humano tiene una profunda influencia tanto en su estado físico como en sus relaciones interpersonales.
El pensamiento hebreo que domina la escritura del Antiguo Testamento no concibe una división entre mente y cuerpo por eso cualquier aflicción mental tiene su correspondencia en un signo físico que puede ser visto por los testigos (Pr. 17:22). Aunque el Nuevo Testamento persiste en considerar al hombre como una integridad (1ª Ts. 4:23), el pensamiento griego que influyó la cultura cristiana promovió la errónea idea de estimar la mente (y el alma) por sobre el cuerpo.
Hasta nuestros días llegan las derivaciones entre algunos cristianos: maltratan el cuerpo subestimando su santidad o menosprecian la mayordomía sobre la salud física (1ª Co 6:19-20).

Ciertamente Dios comienza su obra de salvación en el corazón y aunque no podemos percibir el milagro del nuevo nacimiento, podemos evidenciar sus primeros efectos en el cambio mental que genera la presencia del Espíritu Santo en la vida. Luego el permanente camino hacia la santidad incluye no sólo proveer, nutrir y proteger al espíritu sino también al cuerpo humano (3ª Juan 1:2). Las buenas relaciones interpersonales son posibles al unirnos a la familia de la fe (Gálatas 6:10).

La ciencia médica ha avanzado en el reconocimiento de las enfermedades congénitas y adquiridas; examina los agentes exógenos que por sí solos o asociados a desequilibrios endógenos (genes, señales erróneas, estrés prolongado, etc.) inducen desequilibrios que conducen a distintos tipos de trastornos orgánicos. Por los conocimientos modernos se pueden prevenir, tratar y rehabilitar un gran número de dolencias y se está en constante trabajo para implementar nuevas prácticas que ayuden individual o colectivamente a promover el bienestar físico. Debemos dar gracias a Dios por tener el progreso científico a nuestro favor y debemos glorificar su nombre siendo responsables en el cuidado del cuerpo.
El amor ágape, aquel que somos llamados a ejercer los cristianos unos a otros, parte de un correcto cuidado de nuestro propio ser. El Señor Jesús resumió la ley y los profetas en dos grandes máximas: amar a Dios con toda nuestra integridad y al prójimo como a nosotros mismos.

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#YoMeQuedoEnCasa – Recursos alrededor de la Biblia para este tiempo

Recursos alrededor de la Palabra de Dios para toda la familia

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APLICACIONES

Todos, en todas partes, leyendo la Biblia

Descargá la aplicación y unite a un movimiento global que lee la Palabra de Dios en voz alta en todo el mundo.

Biblia App para niños: historias y actividades

Descargá la app para animar a los niños a que lean y disfruten de la Palabra de Dios. Contiene historias de la Biblia, juegos y actividades.

Planes de lectura en tu aplicación de la Biblia

Renová tu app de la Biblia y encontrá nuestros planes de lectura de las series Descubriendo a Dios, De la Biblia a la vida, y otros.

RECURSOS PARA NIÑOS

Verdades bíblicas en tiempos de pandemias

Este recurso permite enseñar a los niños, a lo largo de siete días, verdades bíblicas para recordar en este tiempo complejo.

Guías para aprender con la Biblia App

Descargá guías de lectura, con preguntas y actividades, para que los padres reflexionen con los niños sobre el plan eterno de Dios.

Lecciones de la Biblia: Aislados, pero no tanto.

Este material presenta tres historias de la Biblia donde los personajes estuvieron aislados y muestra cómo Dios estuvo con ellos.

El arca de Noé para armar

Imprimí, recortá y armá los personajes. Una oportunidad para compartir esta historia bíblica con los más pequeños.

Juego y aprendo

Imprimí estas actividades divertidas para aprender más sobre una historia de la Biblia. Los recursos son parte de la serie Juego y aprendo.

Historias bíblicas para pintar

Imprimí estas hermosas ilustraciones y recorramos juntos la creación de Dios. Los dibujos son parte de la Serie Comienzos de SBA.

VIDEOS BÍBLICOS

Los cuatro Evangelios en la pantalla

Proyecto Lumo es la filmación cronológica de los evangelios. Una gran producción para disfrutar en familia.

Disfruta la Biblia de punta a punta

Biblie Project desarrolla videos animados que exploran temas y libros de la Biblia en español. Miralos en familia.

La Biblia en Lengua de Señas para niños

Disfrutá y compartí historias de la Biblia en Lengua de Señas Argentina (LSA).

CAPACITACIÓN

La Biblia en el centro. Talleres y conferencias

Una variedad de videos sobre la centralidad de las Escrituras en la vida y la misión de la iglesia y su vigencia para la sociedad.

La biblioteca de videos bíblicos más completa

RightNow Media contiene videos creativos y profundamente bíblicos. Recursos para grupos pequeños, familias, liderazgo y mucho más.

Curso online: Predicando la Palabra

Este recurso tiene el objetivo de llamarnos a volver a la centralidad de la predicación bíblica en la vida y ministerio de las iglesias locales.

PARA LEER

5 preguntas para guiar la lectura de la Biblia

Descubrí cinco preguntas que pueden guiar tu lectura de la Biblia y ayudarte a entender la historia de las Escrituras.

La esperanza de la Biblia para tu ansiedad

Explorá cómo las Escrituras nos entrenan para responder al miedo, sin importar cuáles sean las circunstancias que nos rodean.

8 cosas que el coronavirus debería enseñarnos

¿Qué quiere el Señor que aprenda a través de esta pandemia? ¿Cómo intenta cambiarme? Aquí hay ocho cosas que podemos aprender.

DEVOCIONALES Y LECTURAS BÍBLICAS

Más allá del desastre: primeros auxilios espirituales

Este material presenta formas prácticas de cuidarte y recuperarte emocional y espiritualmente luego de una situación de dolor.

Meditando en el Salmo 23 con Christopher Shaw

Te invitamos a reflexionar en la Palabra de Dios con una serie de seis devocionales pensados especialmente para este tiempo.

¿Qué nos dice el Salmo 91 sobre el coronavirus?

El Salmo 91 habla de la confianza en Dios en los tiempos más oscuros. Una lectura especial para el día de hoy.

Versículos bíblicos para tiempos de desesperanza

Esta publicación digital contiene una selección de textos bíblicos especiales para este tiempo de crisis. Un recurso especial para compartir.

Plan de lectura de 3 días para descargar

La lectura y reflexión de estos pasajes bíblicos te guiarán a conocer el único camino que nos puede llevar a Dios: Jesucristo.

Leonel: Devocional para padres y niños

Un tiempo para que las familias estudien la Biblia juntas. Contiene recursos en audio y actividades para realizar.

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Cinco preguntas para guiar tu lectura de la Biblia

Autora: Tara-Leigh Cobble*

Aunque había crecido en la iglesia y había ganado mi parte de las insignias de memoria de las Escrituras en la escuela dominical, ya era una adulta cuando me di cuenta de que en realidad no entendía gran parte de la Biblia. Sabía cómo sacar un versículo de consuelo cuando necesitaba esperanza, y sabía cómo identificar el pecado en mí y en los demás, pero realmente no había aprendido mucho sobre quién es Dios o qué podría estar tratando de comunicar al mundo a través de su Palabra. Uno de los errores que cometía era acercarme a las Escrituras con un enfoque para mí misma en lugar de poner atención en Dios.

Lo principal que me ayudó a cambiar mi perspectiva fue hacerme cinco preguntas cada vez que leía las Escrituras. Revisaba las preguntas antes de comenzar a leer la Biblia, y nuevamente después de leerla. A veces olvidaba lo que estaba buscando y volvía a mis viejos patrones, pero con el tiempo, estas preguntas comenzaron a surgir de forma natural.

Pregunta 1: ¿Qué dice o hace Dios en este pasaje?

Este tipo de pregunta será fácil de responder cuando el versículo dice algo como: «Dios, en el principio, creó los cielos y la tierra» (Génesis 1:1) o «[Jesús] tomó en sus manos el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio» (Lucas 24:30) o «todos quedaron llenos del Espíritu Santo» (Hechos 2:4), pero podría ser más difícil en lugares donde la acción de Dios no se menciona expresamente.

Aquí hay dos ejemplos de pasajes en que las acciones de Dios podrían ser más difíciles de encontrar. Primero, Mateo 6:33 señala: «Por lo tanto, pongan toda su atención en el reino de los cielos y en hacer lo que es justo ante Dios, y recibirán también todas estas cosas». ¿Qué acción está tomando Dios en este versículo? Al principio, puede parecer que no está haciendo nada en absoluto. Pero, ¿quién está haciendo la parte de dar lo que «recibirán (todas estas cosas)»? ¡Dios es el que hace eso! Luego, en la segunda carta de Pablo a la iglesia en Tesalónica, dice: «Hermanos, siempre tenemos que dar gracias a Dios por ustedes, como es justo que hagamos, porque la fe de ustedes está creciendo y el amor que cada uno tiene por los otros es cada vez mayor» (2 Tesalonicenses 1:3). Las personas crecen juntas en fe y amor, Pablo le agradece a Dios, pero ¿qué está haciendo Dios? Aquí hay una pista: ¿a quién agradece Pablo por su crecimiento y su amor? ¡Está agradeciendo a Dios! Pablo reconoce a Dios como el agente activo en el crecimiento de la iglesia y su amor.

Pregunta 2: ¿Qué revela esto acerca de lo que Dios ama?

Algunas veces las Escrituras declaran directamente lo que Dios ama, como «Dios ama al que da con alegría» (2 Corintios 9:7b), pero a veces es evidente en lo que implica el pasaje. Por ejemplo, Proverbios 19:17 dice: «Un préstamo al pobre es un préstamo al Señor, y el Señor mismo pagará la deuda ». Este pasaje transmite no solo el amor de Dios por los pobres sino también por un corazón de generosidad.

Este tipo de pregunta puede parecer que requiere una capa adicional de pensamiento, pero hacemos esto en nuestras relaciones todo el tiempo. Por ejemplo, si alguien dice: «Tienes que ver esta película», entonces naturalmente supongo que les encanta esa película. No es diferente en nuestra relación con Dios y su Palabra. La mayoría de las veces, no es difícil ver lo que ama.

Pregunta 3: ¿Qué revela esto acerca de lo que Dios odia?

Hay algunas personas que piensan que Dios no odia nada. Pero cualquiera que realmente ame una cosa odiará lo que amenace esa cosa. Hay una lista completa de cosas que las Escrituras dicen abiertamente que Dios odia, y son todas las cosas que se oponen a su carácter o hieren a su pueblo.

Por ejemplo, Zacarías 8:17 dice: «No se hagan daño a otros ni juren en falso. Porque yo odio todo eso. Yo, el Señor, lo afirmo». Está claro que Dios odia cuando las personas planean hacerse daño o mentir el uno al otro. Pero también hay versículos donde su odio está implícito, como en Mateo 23:25, donde Jesús dice: «¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas!, que limpian por fuera el vaso y el plato, pero no les importa llenarlos con el robo y avaricia». Aquí, vemos que Dios odia el robo y la avaricia.

Cuando pensamos en esas tres primeras preguntas, sobre las acciones de Dios, lo que ama y lo que odia, aprendemos mucho sobre cómo abordar nuestra próxima pregunta.

Pregunta 4: ¿Qué revela esto acerca de lo que motiva a Dios a hacer lo que hace?

Las motivaciones de Dios a veces se expresan directamente, pero a veces solo se distinguen leyendo la historia completa. A menudo es útil considerar las primeras tres preguntas para llegar a esta cuarta pregunta. Aquí hay un resumen de una historia que ocurre repetidamente en el Antiguo Testamento. Busquemos la motivación de Dios detrás de lo que hace aquí:

Dios proveyó para el pueblo de Israel. Prometieron seguirlo, pero luego se rebelaron. Les había prometido que no los iba a dejar, pero que cuando pecaran y se apartaran de él, él traería consecuencias por sus pecados para que se arrepientan. Cuando Israel confió en los ídolos para ayudarlos y desobedeció los mandamientos de Dios, lo que Dios les había dicho que sucedería sucedió: su sociedad, sus relaciones y sus vidas se rompieron, generalmente, a manos de una nación extranjera. Finalmente, se arrepentirían y volverían a Dios nuevamente, y él demostró ser fiel a su promesa de cuidarlos.

Al mirar las primeras tres preguntas, vemos:

  • Las acciones de Dios: advertir a Israel, hacerles una promesa, traer consecuencias
  • Dios ama: Israel y la obediencia.
  • Dios odia: el pecado, la idolatría, el impacto que tiene en su relación con su pueblo.

Considerando todo eso, podemos ver que la motivación de Dios para poner a Israel bajo una opresión temporal no es que se esté volviendo loco o que los odie. En cambio, es que él tiene un propósito, un plan y una meta de restauración. Está actuando por amor a Israel para ayudarlos a encontrar la libertad de su idolatría para que puedan caminar en la verdad. Él sabe que la idolatría es onerosa y sabe que una alegría más profunda proviene de volverse hacia él. ¡Solo podemos entender la historia de la relación de Dios con su pueblo cuando entendemos que el amor es su motivación!

Si Dios estuviera motivado solo por su odio por el pecado, si no fuera superado por su amor por Israel, probablemente los destruiría. Pero vemos su amor actuando como el motivador. De hecho, es un motivador tan común que podemos asumir con seguridad que siempre está entretejido con los motivos de Dios.

Pregunta 5: En todo eso, ¿qué atributos de Dios se muestran?

¿Ves la misericordia de Dios? ¿Su gracia? ¿Su paciencia? ¿Dónde ves su soberanía o su atención al detalle? ¿Dónde ves su generosidad? Toma nota del carácter de Dios. Cuando hagas esto, comenzarás a verlo más claramente. Saber quién es Dios, quién es realmente, no solo forma nuestra relación con él, sino también toda nuestra vida.

Estas preguntas pueden ser difíciles de recordar. Anótalas en tu diario o en un marcador que usa en tu Biblia, como recordatorio. Eventualmente, buscar a Dios y su carácter en las Escrituras se convertirá en una segunda naturaleza y cambiará la forma en que ves la Palabra de Dios. Y cuando tratas de buscarlo, y luego lo encuentras, ¡creo que te darás cuenta de que él está donde está la alegría! 

*Originalmente publicado en inglés en Engager’s Blog de American Bible Society el 4 de noviembre de 2019.

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8 cosas que el coronavirus debería enseñarnos

Por Mark Oden para The Gospel Coalition

Me desperté esta mañana en Nápoles, la tercera ciudad de Italia, para ser puesto en encierro. Las reuniones públicas, incluidos los servicios religiosos, han sido prohibidas. Bodas, funerales y bautizos han sido cancelados. Se han cerrado escuelas y cines, museos y gimnasios. Mi esposa y yo acabamos de regresar de un viaje de compras que duró dos horas debido a las largas colas. Actualmente, Italia tiene el número más alto de casos de coronavirus fuera de China: 9.172 casos y 463 muertes. Como resultado, se les ha dicho a 60 millones de personas que permanezcan en sus hogares a menos que sea absolutamente necesario.
¿Cómo debemos nosotros, como cristianos, responder a tal crisis? Respuesta: con fe, no con miedo. Debemos mirar al ojo de la tormenta y preguntar: “Señor, ¿qué quieres que aprenda a través de esto? ¿Cómo intentas cambiarme? Aquí hay ocho cosas que todos haríamos bien en aprender, o reaprender, de este susto del coronavirus.

1. Nuestra fragilidad

Esta crisis global nos está enseñando cuán débiles somos como seres humanos. Al momento de escribir este artículo, se han reportado 98,429 casos de coronavirus en todo el mundo, causando 3,387 muertes. Estamos haciendo todo lo posible para contener su propagación. Y, en su mayor parte, creo que confiamos en el éxito final.
Ahora imagine un virus aún más agresivo y contagioso que el coronavirus. Ante tal amenaza, ¿podríamos evitar nuestra propia extinción como especie? La respuesta es claramente no. Es fácil de olvidar, pero los humanos son débiles y frágiles.
Las palabras del salmista suenan verdaderas: “El hombre, como la hierba son sus días: florece como la flor del campo, que pasó el viento [o COVID-19] por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más” (Salmo 103: 15–16).

¿Cómo llega a casa esta lección de nuestra fragilidad? Quizás recordándonos que no tomemos nuestras vidas en esta tierra por sentado. “Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría ” (Sal. 90:12).

2. Nuestra igualdad

Este virus no respeta las fronteras étnicas o las fronteras nacionales. No es un virus chino; Es nuestro virus. Está en Afganistán, Bélgica, Camboya, Dinamarca, Francia, Estados Unidos: 77 países (y creciendo) han sido contaminados por el coronavirus.

A los ojos del mundo, todos somos diferentes; a los ojos del virus, somos lo mismo.


Todos somos miembros de la gran familia humana, creada a imagen de Dios (Génesis 1:17). El color de nuestra piel, el idioma que hablamos, nuestros acentos y nuestras culturas no cuentan para nada a los ojos de una enfermedad contagiosa.

En nuestro sufrimiento, en el dolor de perder a un ser querido, somos completamente iguales, débiles y sin respuestas.

3. Nuestra pérdida de control

Todos amamos tener el control. Nos imaginamos capitanes de nuestro destino, dueños de nuestro destino. La realidad es que hoy, más que nunca, podemos controlar partes importantes de nuestras vidas. Podemos controlar la calefacción y la seguridad de nuestra casa de forma remota; podemos mover dinero alrededor del mundo con un clic de una aplicación. Incluso podemos controlar nuestros cuerpos a través del entrenamiento y la medicina.
Pero tal vez esta sensación de control es una ilusión, una burbuja que el coronavirus ha reventado, revelando la realidad de que realmente no tenemos el control.
Ahora, aquí en Italia, las autoridades están tratando de contener la propagación de este virus cerrando, abriendo y volviendo a cerrar las escuelas de nuestros
hijos. ¿Tienen la situación bajo control?
¿Qué pasa con nosotros? Armados con nuestros aerosoles desinfectantes, tratamos de reducir los riesgos de infección. No hay nada malo con esto. ¿Pero estamos en control de la situación? Apenas.

4. El dolor que compartimos al ser excluidos

Hace unos días, una miembro de nuestra iglesia viajó al norte de Italia. A su regreso a Nápoles, fue excluida de una cena con colegas de trabajo. Le dijeron que sería mejor para ella no venir debido a sus recientes viajes al norte, a pesar de que no había estado cerca de las zonas rojas y no mostraba ningún síntoma de coronavirus. Obviamente, este distanciamiento la lastimó.
El dueño de un restaurante de 55 años del centro de Nápoles ha sido puesto en cuarentena recientemente. Después de haber dado positivo por COVID-19, se dijo que se sentía relativamente bien físicamente, pero se entristeció por las reacciones de muchos de sus vecinos: “Lo que lo ha lastimado más que su diagnóstico positivo por el coronavirus, es la forma en que él y su familia han sido tratados por la ciudad en la que vive” (periódico Il Mattino, 2 de marzo de 2020).
Ser excluido y aislado no es algo fácil, ya que fuimos creados para una relación.
Pero muchas personas, ahora, tienen que lidiar con el aislamiento. Es una experiencia que la comunidad de leprosos de la época de Jesús conocía demasiado bien. Forzados a vivir solos, caminando por las calles de sus pueblos gritando: “¡Inmundo! ¡Inmundo!” (cf. Lev. 13:45).

5. La diferencia entre el temor y la fe

O tal vez esta crisis nos está desafiando a reaccionar con fe y no con miedo. Más bien, fe en Jesucristo, el buen pastor.

¿Cuál es tu reacción ante esta crisis? Es tan fácil dejarse llevar por el miedo. Es fácil ver el coronavirus en todas partes: en el teclado de mi computadora, en el aire que respiro, en cada contacto físico y en cada esquina, esperando infectarme. ¿Estamos en pánico?

O tal vez esta crisis nos está desafiando a reaccionar de una manera diferente, con fe y no con miedo. Fe no en las estrellas o en alguna deidad desconocida.

Más bien, fe en Jesucristo, el buen pastor que también es la resurrección y la vida.
Seguramente solo Jesús tiene el control de esta situación; seguramente solo él puede guiarnos a través de esta tormenta. Nos llama a confiar y creer, a tener fe y no miedo.

6. Nuestra necesidad de Dios y nuestra necesidad de orar

En medio de una crisis global, ¿cómo podemos nosotros como individuos hacer una diferencia? A menudo nos sentimos tan pequeños e insignificantes.
Pero hay algo que podemos hacer. Podemos llamar a nuestro Padre en el cielo.
Ore por las autoridades que dirigen nuestros países y ciudades. Ore por los equipos médicos que tratan a los enfermos. Ore por los hombres, mujeres y niños que han sido infectados, por las personas que tienen miedo de abandonar sus hogares, por aquellos que viven en zonas rojas, por aquellos en alto riesgo de otras enfermedades y por los ancianos. Ore para que el Señor nos proteja y nos guarde. Ore para que nos muestre su misericordia.
Ore también por el retorno del Señor Jesús, para llevarnos a la nueva creación que ha preparado para nosotros, un lugar sin lágrimas, sin muerte, sin luto, llanto o dolor (Ap. 21: 4).

7. La vanidad de muchas de nuestras vidas

“Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad” (Ec. 1: 2).

Quizás esta crisis nos está enseñando lo que es realmente importante en nuestras vidas y lo que es vanidad.

Es muy fácil perder la perspectiva en medio de la locura de nuestras vidas. Nuestros días están tan llenos de personas y proyectos, trabajos y listas de deseos, hogares y días festivos, que podemos llegar a luchar para distinguir lo importante de lo urgente. Nos perdemos en medio de nuestras vidas.

Quizás esta crisis nos está recordando con qué deberíamos preocuparnos. Quizás
nos esté ayudando a distinguir entre lo que tiene sentido y lo que no tiene sentido. Quizás la Premier League, o esa nueva cocina, o esa publicación de Instagram no son esenciales para mi supervivencia. Quizás el coronavirus nos está enseñando lo que realmente importa.

8. Nuestra esperanza

En cierto sentido, la pregunta más importante no es, “¿Qué esperanza tienes frente al coronavirus?” porque Jesús vino a advertirnos de la presencia de un virus mucho más letal y generalizado, uno que ha afectado a todos los hombres, mujeres y niños. Un virus que termina no solo en una muerte segura, sino en la muerte eterna. Nuestra especie, según Jesús, vive en las garras de un brote pandémico llamado pecado. ¿Cuál es tu esperanza frente a ese virus?

La historia de la Biblia es la historia de un Dios que entró en un mundo
infectado con este virus. Vivía entre personas enfermas, no vestía un traje de
protección química, sino que respiraba el mismo aire que nosotros, comiendo la
misma comida que nosotros. Murió aislado, excluido de su pueblo,
aparentemente lejos de su Padre en una cruz, todo para proporcionar a este
mundo enfermo con un antídoto contra el virus, para sanarnos y darnos vida
eterna. Escucha sus palabras:

Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11: 25–26)

Mark Oden es pastor de la Chiesa Evangelica Neapolis en Nápoles, Italia.

Traducción: Ruben A. Del Ré

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